Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de mayo de 2010

Italia 1990. Alemania impera en un flojo torneo

La XIV Copa Mundial de Fútbol volvía a Italia, una poderosa nación futbolística en donde no se iba a reparar en gastos alcanzar un rotundo éxito. Se realizó entre el 8 de junio y el 8 de julio de 1990 convirtiéndose así en el segundo país en celebrar una Copa Mundial en 2 ocasiones.

Se hicieron reformas completas en diez de los doce estadios de la Copa Mundial de la FIFA y los de Turín y Bari se construyeron especialmente para el acontecimiento.

En la ronda clasificatoria participaron menos países que en 1986 (112 en lugar de 121). Entre los equipos que se quedaron en el camino estaban Dinamarca, Portugal y Francia, semifinalista de 1986, que había nombrado a Michel Platini seleccionador en sustitución de Henri Michel.

En un encuentro eliminatorio contra Brasil en el Maracaná, el entonces arquero de Chile, Roberto “Cóndor” Rojas, aprovechó que un espectador local arrojó una bengala al campo, se tiró al piso simulando una herida y se cortó la frente con una hoja de afeitar que escondía en la manga.

Una fotografía de un corresponsal argentino mostró el instante en que la bengala cayera a un metro del guardameta. La FIFA, luego de estudiar el caso, otorgan el partido a Brasil 2 a 0, impidiendo participar a Chile en las eliminatorias de Italia 90 y U.S.A. 94 y sancionan de por vida al golero.
24 selecciones participaron en el evento, 14 equipos europeos, 6 americanos, Egipto, Camerún, Corea del Sur y Emiratos Árabes Unidos.
A este Mundial regresaron varias selecciones tras muchos años de ausencia: Colombia que no participaba desde 1962, Egipto desde 1934, Estados Unidos desde 1950, Holanda y Suecia desde 1978, Rumania desde 1970. A estos equipos se suman los debutantes: Emiratos Árabes Unidos, Irlanda y la revelación de esta competición, Costa Rica,. Este fue el último mundial en que, hasta entonces, asistieron todas las selecciones que alguna vez se habían hecho del título mundial: Uruguay, Italia, Alemania, Inglaterra, Brasil y Argentina, también fue el último mundial para las selecciones que se desintegrarían en los siguientes años como Yugoslavia y Checoslovaquia en 1992, Alemania Federal que se reunificaría en ese mismo año y la Unión Soviética en 1991.
El tema musical fue Un'estate Italiana interpretado por Gianna Nannini y Edoardo Bennato. Adidas estrenó el modelo Etrusco de pelotas de fútbol que tenían la misma composición que la Azteca mexicana. “Ciao” fue la mascota del Mundial, era una maqueta cúbica con los colores de la bandera italiana y que llevaba una pelota de cabeza.

El partido inaugural del Mundial se disputó en el estadio Giuseppe Meazza de Milán, entre Argentina, último campeón del Mundo y Camerún, por el grupo B. Grande fue la sorpresa cuando los africanos se impusieron por 1 a 0, con gol de Omam Biyick a tan sólo cinco minutos para finalizar el partido, ante una albiceleste notablemente desmejorada.

Esta Copa fue la cúspide de la carrera de Roger Milla. A los de 38 años, la estrella camerunesa se había despedido del fútbol de máximo nivel para jugar en un modesto equipo de la Isla de Reunión. Sin embargo, volvió de su retiro para dejar una huella memorable en Italia 90. Con 38 años y 20 días, Milla se convirtió en el goleador de mayor edad de la historia de la Copa Mundial cuando marcó por partida doble ante Rumania.
En el segundo partido de Argentina, contra la URSS, a los 12 minutos del inicio, un desafortunado choque entre el defensor Olarticoechea y el arquero Nery Pumpido, se saldó la doble fractura de la tibia derecha del cancerbero, ante lo cual ingresó en su lugar Sergio Goycochea, quien se convertiría en el protagonista del transitar argentino a lo largo del mundial.
Se le puede decir que este grupo fue sorpresivo ya que naciones tan potentes como Argentina y la URSS fueron destrozados por Camerún y Rumanía que en el papel eran inferiores. Argentina tuvo suerte de ser el mejor tercero. Camerún se convirtió en el único equipo de la historia en concluir primero de grupo con una diferencia negativa de goles.
Las potencias de Italia y Checoslovaquia no presentaron problemas al derrotar a los austriacos y a los americanos en el grupo A.

La debutante selección costarricense derrotó, en el 3er grupo, a selecciones europeas como Escocia y Suecia siendo la gran sorpresa de la 1ª fase. Brasil ganó sus 3 cotejos gracias a dos definiciones por la mínima de su goleador Müller.

En el grupo D, Alemania y Yugoslavia no tuvieron dificultad en sacarle puntos a Colombia y la débil selección de los Emiratos Árabes Unidos. Colombia avanzó al ganarle a EAU y ganarle un punto a los balcánicos.

España y Bélgica avanzaron fácilmente, España solo tuvo el inconveniente de empatar con Uruguay, mientras que los charrúas empataron con los hispanos y avanzaron como mejores terceros obteniendo los 3 puntos contra Corea del Sur.
En el último grupo de la fase de grupos Inglaterra fue la única selección que pudo ganarle a Egipto 1 a 0 en el único juego que no terminó igualado. Irlanda y Holanda franquearon la ronda a punta de decepcionantes empates.

Los octavos de final propusieron las llaves siguientes:

"Los leones indomables" de Roger Milla vencieron 2 a 1 a Colombia en tiempo extra por una lamentable gracia del portero René Higuita.
Los checoslovacos no tuvieron piedad del sorpresivo equipo tico y, de la mano del letal Thomas Skuhravy con un hat trick, los golearon 4 a 1 sin que su buen portero Luis Gabelo Conejo pudiera evitarlo.

En el clásico de Sudamérica, en un ejemplo acerca de lo impredecible que puede ser el deporte rey, los argentinos, que apenas llegaron como terceros, se limitaban a ver como los cariocas controlaban la pelota y la estrellaban contra los tres palos de Goycochea. Pero gracias a una genialidad de Maradona, que dejó en el camino a tres jugadores brasileños y soltó un quimérico pase para que Claudio Caniggia definiera de manera magistral truncando el sueño de millones de fanáticos verde amarelhos. Se dice que en este partido Bilardo intoxicó intencionadamente al brasileño Branco.

Los incansables alemanes, claramente superiores, liquidaron por 2-1 a Holanda, campeona de Europa, donde brillaban Rijkaard, Gullit y Van Basten y que apenas pudieron responder con un gol de Ronald Koeman finalizando el juego.

El encuentro entre Irlanda y Rumania tiene que dar gracias a quienes inventaron la definición por penales ya que nadie parecía tener la disposición de ganar y que se veía que iba a tardar toda la vida en terminarse. Hasta en las penas máximas parecía lo mismo. Al final, 0 a 0 y 5 a 4 en penales para los británicos.

Italia enredó el juego uruguayo dejándolos sin poder desplegar su típico juego de toque y, en dos contragolpes, definieron el trámite a su favor.

Los españoles apenas lograron llevar el juego contra los yugoslavos hasta el alargue (1-1) donde anotaron rápidamente, logrando contener el desordenado ataque íbero y salvar la barrera de octavos.

En un duelo titánico, en donde ingleses y belgas se peleaban sin éxito para anotar primero, se llegó a tiempo extra en donde los arcos seguían cerrados. Cuando ya se hacían las listas de tiradores, Oliver Platt, al minuto 119, forjó el retorno de los belgas a casa.

En cuartos en una noche donde la contundencia brilló por su ausencia, los argentinos se enfrentaron a Yugoslavia donde Stojkovic oficiaba de estrella. Los balcánicos dominaron sobradamente el primer tiempo y no le perdieron la cara al partido en el segundo, a pesar de que a la media hora de juego Maradona ya había provocado la expulsión de Sabanadzovic. Fueron necesarios 10 penaltis definitorios donde, a pesar del fallo del Pelusa, Sergio Goycochea se convirtió en héroe al atajar dos penales y guiar a su equipo a la siguiente ronda.

Sin mucha historia, alemanes e italianos salvaron el trámite ajustadamente derrotando a checoslovacos e irlandeses, ambos por la diferencia mínima de 1 a 0.

Pocos partidos del Mundial Italia 1990 pusieron al público al borde de sus asientos como el homérico choque entre Inglaterra y Camerún. Aquel encuentro de infarto reunió a unos ingleses donde brillaba la destreza del organizador de su juego, Paul Gascoigne y los “leones indomables” en que Roger Milla, con de 38 años de edad, ya había inscrito su nombre en los anales del campeonato.

Inglaterra disfrutó de la posesión en los primeros compases del cotejo, pero Camerún creó las primeras oportunidades exigiendo en par de oportunidades a Peter Shilton. Pero Inglaterra replicó con el primer gol donde el veterano Thomas N'Kono no nada pudo hacer ante el certero cabezazo de David Platt.

Roger Milla entró en el campo tras el descanso y le cambió el coraje a los centroafricanos. En dos vertiginosas maniobras del “viejo león” voltearon el marcador con anotaciones de Kunde y Ekeké en sólo 4 minutos. Pero luego de un fallo de Omam en pared con Milla, Massing derribó a Lineker en el área. El propio delantero apuntó a la esquina superior izquierda y no erró el tiro.

En el minuto 105 del alargue, Lineker volvió a ser derribado en el área. Otro penal. El Botín de Oro de 1986, disparó al centro para alcanzar el 3-2 y su pase a semifinales. La gran exhibición de Camerún aunado al excelente rendimiento de Egipto logró que África pudiese enviar tres equipos a la Copa Mundial de 1994.

Salvatore Schillaci, de prácticamente ser un desconocido antes de que se iniciara el torneo, comandó a los "azzurri" hasta semifinales. Luego de la anotación del “Totó”, Walter Zenga, arquero de la selección italiana, aumentaba el récord de meta invicta en un mundial, hasta que, finalmente, un cabezazo de Claudio Caniggia, le rompió la malla a Zenga, luego de 517 minutos sin goles en contra. El partido finalizó 1 a 1 para dar paso a la hora de Sergio Goycochea, quien demostró ante Italia, ser una vez más el elemento decisivo al contenerle penales a Donadoni y Serena. En este encuentro, el árbitro Michel Vautrot se olvidó del tiempo y añadió ocho minutos al final de la primera mitad de la prórroga.

El único oponente que fue capaz de plantar cara a la maquinaria germana fue, como tantas veces ha ocurrido, Inglaterra. Fue un partido jugado de poder a poder, con extremado sentido táctico y duelos inolvidables, como el de Klinsmann con Walker o el de Lineker con Kohler. El afortunado gol de Brehme fue contestado por el ex ariete del Barcelona a 10 minutos para el final y los inclementes penaltis dieron una vez más el pase a Alemania. Este es considerado como el mejor partido del mundial.

El choque por el tercer puesto encontró a los británicos harto cansados luego de tres partidos consecutivos jugados con alarge. Tal circunstancia la aprovechò, con apuros, el combinado itálico para conquistar la consolación 2 goles por 1.

En la final del Olímpico de Roma se encontraban los alemanes con Argentina quienes, contra todo pronóstico, optaban a revalidar su título. Esta final fue, sin duda, la más insípida que se había disputado hasta ese momento en toda la historia de los Mundiales. En ella se registró la primera expulsión en una final (2 en definitiva) y fue la primera ocasión en que uno de los dos rivales se quedaba sin marcar. No pudieron jugar por las sanciones importantes nombres como Giusti, Batista, Olarticoechea y Caniggia, clave en la semifinal.

Así, el Narigón dispuso una estrategia harto defensiva cediendo el balón a Alemania. Una patada absurda de Monzón a Klinsmann, que acarreó la inmediata y justa expulsión del argentino cambió el signo del partido. A partir de ese momento, el conjunto sudamericano se encerró en su área y puso toda su fe en los penaltis y en Goycoechea. Y la decisión del campeonato fue desde el punto fatídico, aunque no como esperaban los argentinos. Un supuesto agarrón de Sensini a Völler llevó a Brehme a los once metros, y frente a frente con Goyco, ajustó su disparo raso al poste, imposible para el golero. El gol definitivo. Con un solo tiro a puerta de los albicelestes contra 16 de los teutones, Alemania fue, justo campeón.

Este fue el Mundial con menor promedio de goles por partido de la historia de los Mundiales, 2,21. El italiano Salvatore Schillaci, debutando en la selección italiana en este torneo, marcó seis de los siete goles internacionales de su carrera y conquistó tanto la Bota como el Balón de Oro del campeonato.
Con demasiado fútbol defensivo y muchos partidos que se decidieron desde el punto de castigo, cayó el telón de la decepcionante la Copa Mundial de Italia 90.

lunes, 24 de mayo de 2010

España 1982. Fútbol, espectáculo y emoción

La XII Copa Mundial de Fútbol tuvo lugar en España, entre el 13 de junio y el 11 de julio de 1982. Este fue el mundial disputado en un solo país con el mayor número de sedes (14) y de estadios (17).

El encargado de realizar el afiche de la Copa del Mundo de España ´82 fue el laureado artista plástico Joan Miró.

Para elegir la mascota distintiva del mundial de España, se presentaron más de 600 diseños, y el ganador fue “Naranjito”, una naranja vestida de futbolista.

Adidas repitió el modelo de pelota utilizado en Argentina 78. Ambas usaban como material el cuero, pero el Adidas Tango España traía costuras de poliuretano que reducían la absorción de agua en caso de lluvias.

Fue el primer mundial donde participaron equipos de los 5 continentes, aunado a que se elevó la asistencia de 16 a 24 selecciones. Con las nuevas reglas también cambiaba las reglas de clasificación: se otorgaron trece plazas a Europa, tres a Sudamérica, dos a América de Norte/ Central, dos a África y dos a Asia/Oceanía, además de las plazas del país organizador y del campeón defensor.

La subcampeona en 1974 y 1978, Holanda, no logró clasificarse. Los neerlandeses fueron eliminados por un impresionante combinado francés entrenado por Michel Hidalgo.

La ceremonia inaugural se celebró en el Camp Nou de Barcelona, donde más de 3.000 estudiantes de la ciudad formaron diversas imágenes en el campo, destacando una enorme paloma, símbolo de la paz.

Lógicamente, el torneo sufrió un cambio de formato debido a los nuevos países incluidos. En esta edición se dividió al torneo en tres fases: una primera ronda conformada por 6 grupos de 4 selecciones cada uno, donde los 2 primeros de cada grupo clasifican a la 2a fase.
Esta otra ronda se compuso por 4 grupos de 3 equipos, donde el 1o de cada uno pasa a una etapa de eliminación directa, compuesta por semifinal y final.
Exceptuando la goleada 5 a 1 de Polonia a Perú, todos los demás encuentros de aburrido grupo 1 finalizaron en empates, 3 a cero y dos a un tanto. Italia acompañó a los polacos por un ajustado y triste mejor promedio de goles sobre Camerún.

La Triple A del grupo 2 (Alemania Federal, Austria y Argelia) terminaron con dos victorias y una derrota cada uno. Mientras que Chile se iba en cero.

Argelia, una verdadera revelación en el debut ganó 2-1 a la propia Alemania y luego 3-2 a un apático seleccionado chileno. Debido a que los austríacos ganaron 2 a 0 a los africanos, el juego entre ellos y los germanos resultaría decisivo. Si Austria, ya clasificada a menos que recibieran una goleada, ganaban o empataban, los alemanes quedaban apeados a favor de los argelinos.
Vergonzosamente y ante la protesta de un público crítico y hostil, Hrubesch, a los 10 minutos, puso en ventaja a los teutones y a partir de ahí austriacos y germanos jugaron a la especulación matemática para no hacerse daño. Unos y otros se pasaron el balón sin ninguna jugada de riesgo por 80 minutos.

Argentina, Hungría y Bélgica llegaban como los tres colosos del competido grupo 3 junto al complementario El Salvador. Al final Bélgica quedo primero y Argentina segundo. En el partido de apertura del torneo Argentina se enfrentó a Bélgica, cayendo los defensores del título por 1 a 0 con gol de Vandenberg. El seleccionado argentino concurrió con la dirección técnica de César Luis Menotti y pocas variantes en relación al equipo de 1978, salvo el agregado de Ramón Díaz, Juan Barbas y Diego Maradona, los tres coronados campeones mundiales con la selección juvenil en 1979.

En este grupo se produjo la mayor goleada y uno de los partidos con mayor número de goles de la historia de los mundiales cuando Hungría aplastó a El Salvador 10 goles a 1. A pesar de ello los magyares no superaron la ronda al caer con los todavía campeones e igualar con los belgas.

Inglaterra, Francia y Checoslovaquia llegaban como los tres grandes del grupo 4 junto al debutante Kuwait. Cuando los británicos derrotaron a los galos por 3 a 1, Bryan Robson, a los 27 segundos del primer tiempo, anotó para Inglaterra el gol más rápido de la historia de la copa mundial.

La única asistencia de Kuwait en una Copa estuvo rubricada por un hecho insólito. Luego de empatar sorpresivamente frente a Checoslovaquia, se enfrentaron a Francia quien ganaba cómodamente el partido por 3 a 1 cuando a los 35 minutos del 2o tiempo Alain Giresse convierte el 4to gol galo. Entonces el jeque kuwaití Fahid Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah, presidente de la federación de fútbol y del Comité Olímpico, además de ser hermano del jefe de estado kuwaití, invadió la cancha con sus guardaespaldas para protestar por el gol que le habían convertido a su nación, aduciendo que sus jugadores habían escuchado un silbato en la cancha. Luego de 10 minutos de discusión, donde el dirigente incluso llegó a amenazar al árbitro con una daga, se invalidó el gol y Fahid retornó a su asiento rodeado de policías. Finalmente el partido terminaría 4 a 1 a favor de los galos y se concretó la eliminación de Kuwait. Posteriormente, el árbitro que dirigió este encuentro, el soviético Miroslav Stupar, fue, una vez finalizado el Mundial, expulsado de la FIFA y el jaque recibió una multa de 25 mil francos suizos.

Inglaterra liderizó el grupo ganando sus 3 compromisos. Francia también clasificó en un apasionante empate frente a los centroeuropeos.

Un quinto grupo donde el aburrimiento acompañó las jornadas presentó al equipo anfitrión sin encontrarle la vuelta a su juego y terminó corriendo con bríos y ganas pero sin ideas. La España de Arconada, Camacho, Gordillo, Juanito y Zamora se fue apenas en intenciones. En una definición bastante dudosa donde los irlandeses vencieron a los íberos provocando la clasificación de ambos en detrimento de yugoslavos y hondureños.

Brasil impuso el juego que se le conoce y dominó el grupo 6 ganando a la URSS 2 a 1, a Escocia 4 a 1 y a Nueva Zelanda 4 a 0. Eran otra vez los favoritos. Soviéticos y escoceses despacharon a los oceánicos pasando los continentales por diferencia de goles.

La docena de clasificados se reagruparon en 4 tercias.

A la hora de dirimir el grupo A, los polacos fueron contundentes al vencer a Bélgica con 3 anotaciones de su principal referente Zbigniew Boniek, mientras que los soviéticos tuvieron poca precisión a la hora de hacer el gol y sólo le anidaron un tanto a los “diablos rojos”. Los dos vencedores igualaron a cero en el partido crucial, salvando el escollo los polacos.

Alemania hizo lo justo para dominar un grupo que prometía más emoción que la dispensada. Los germánicos aplacaron a la “Furia” española en el único cotejo del grupo B que hubo goles (2 a 1) y aguantaron estoicamente a los fogosos pero ineficaces ingleses.

El gran emparejamiento del campeonato donde tres campeones del mundo como Brasil, Argentina e Italia debían luchar a muerte para sobrevivir. Argentina, con un plantel que despertó elogios de todas partes no supo encontrar el deseo de ganar que había mostrado cuatro años antes y decepcionó a su fanaticada al no obtener ninguna ganancia de puntos en esta ronda.

Italia despertó en la segunda ronda. Pocas veces antes se vio algo similar. De aquel seleccionado criticado y abucheado de la primera rueda al equipo seguro y ganador de la segunda.

La creativa selección brasileña dirigida por Tele Santana, con estrellas de la talla de Leandro, Junior, Falcao, Sócrates, Dirceu, Eder y Zico cedió, en un sorprendente partido, ante una renovada squadra azzurri, en que Los continuos ataques verde amarelhos fueron ordenadamente contenidos y acabarían pasando amarga factura perdiendo por 3 a 2 un encuentro en el que Paolo Rossi se llenó de gracia al marcar los tres goles.

En el último emparejamiento, Francia encauzó su camino paseando a sus rivales, Irlanda y Austria, para avanzar sin trabas a semifinales.

Se hicieron dos llaves, Polonia contra Italia y Alemania Federal contra Francia. En la primera semifinal, Italia, de la mando de Paolo Rossi, demostró ser muy superior a Polonia, selección destinada a llegar a la entrada de una final pero nunca pasarla.

La otra semifinal fue totalmente distinta. La épica de Sevilla, con inolvidables instantes de gran emoción pero cruel en postrera instancia, se ha convertido en uno de los encuentros más notables de toda la historia y que los franceses lamentarán siempre.

Alemania Occidental, con un estilo estructurado, con Stieylke, Breitner, Littbarski, Fisher y Rummenigge se enfrentó, en jornada histórica, a la Francia de Amoros, Tresor, Girese, Platini y Tigana. Alemania se adelantó por medio de Littbarski, pero, poco después, Platini igualó el marcador para Francia, al transformar una pena máxima.

Un capítulo oscuro se cernió en este encuentro cuando el arquero alemán Harald Schumacher salió de su arco en busca de un balón bombeado hacia su área pero, en vez de rechazar la pelota, optó por bloquear al delantero francés Patrick Battiston, quién iba en busca del esférico para convertir el tanto. Tan fuerte fue el encontronazo que el delantero francés quedó inconsciente en el engramado. Sin que lo pudieran reanimar, lo sacaron con una conmoción cerebral y con dos dientes menos, reponiéndose varias horas después. El árbitro holandés Cover, ni siquiera pitó falta y el partido continuó.

Galos y teutones llevaron el duelo hasta período extra, luego de igualar a uno en los 90 minutos reglamentarios. Ya en tiempo de prórroga, "Les Bleus" vencían por 3 a 1, pero los alemanes no se rindieron, reordenaron la estrategia y marcaron otros dos goles para volver a igualar el partido.
En el primer partido que se definió por penales en la historia de los mundiales el arquero alemán fue fundamental en la victoria de su equipo al atajar 3 penaltis. Se sacudieron 12 penales y ganaron los germanos por 5 a 4. Alain Giresse fue el primero en convertir para Francia, el alemán Uli Stielike el primero en errar un disparo y el arquero galo, Ettori, el primero en atajar uno.

Polonia venció heroicamente a Francia 3 a 2 en un emocionante partido, rara vez visto en una definición del tercer puesto.

Y por fin la gran final, el 11 de Julio en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, dos grandes del futbol, Alemania Federal e Italia pugnarían para conquistar la tan anhelada copa. El primer tiempo, tremendamente aburrido y donde Antonio Cabrini fue el primer futbolista en malograr un penal en una final del mundo, terminaría 0-0. Pero la segunda mitad daría un vuelco cuando, con goles de Paolo Rossi, Tardelli y Altobelli, Italia encauza la final a su favor, pero Alemania siguió batallando hasta la anotación de Breitner en el minuto 83. Con el silbato final del árbitro brasileño Arnaldo Coelho, Italia se convirtió en nuevo campeón del mundo por tercera vez.
Faena ilustre la de aquel conjunto conformado por Zoff, Gentile, Cabrini, Collovati, Bergomi, Scirea, Conti, Tardelli, Rossi, Graziani y Causio, con la dirección técnica de Enzo Bearzott. Dino Zoff, con 40 años y capitán de la selección italiana, recibió el trofeo de manos del rey Juan Carlos de España.
Por primera vez la FIFA decidió entregar el premio “Botín de Oro” al goleador del torneo y el “Balón de Oro” al mejor jugador. Ambos recayeron en Paolo Rossi, líder de goleo con 6 anotaciones, todas determinantes.

martes, 11 de mayo de 2010

Mundial 1970. Oda a la Caballerosidad y al Jogo Bonito

Entre el 31 de mayo y el 21 de junio de 1970 México fue el anfitrión de la IX edición del Campeonato Mundial de Fútbol. La disputa por la Copa Jules Rimet se tornó muy interesante ya que el trofeo se lo podría quedar a perpetuidad la escuadra que logrará 3 títulos: Uruguay, Brasil e Italia eran los candidatos posibles.

En octubre de 1964, la FIFA aceptó los dos argumentos vitales exhibidos por México para elegirlo: tendría la infraestructura lista porque organizaría los Juegos Olímpicos del 68, con la fastuosidad del estadio Azteca, con capacidad para 105.000 espectadores, y además transitaba por una realidad política más estable que Argentina, el otro país que pugnaba por la organización.

En este mundial se utilizaron por primera vez las tarjetas amarillas y rojas. El motivo principal de su inclusión fue el desmedido juego cargado de infracciones violentas en el mundial anterior.

Hasta Chile 62, sólo se podía sustituir el arquero en caso de lesión. En una modificación del reglamento se autorizó efectuar hasta dos cambios y, al igual que con las tarjetas, en el partido inaugural ingresó el primer suplente de la historia de los mundiales, se trató del soviético Puzachs, quién reemplazó a Serebrjannikov al comienzo del segundo tiempo.

Este torneo es considerado por diversos expertos como uno de los mejores en la historia del fútbol debido, en primera instancia, a su juego limpio, ya que se cumplió sin un solo expulsado, igualando el récord de 1950 y a la presencia de algunos de los mejores jugadores de este deporte, como Pelé, Beckenbauer, Gerd Müller, Teófilo Cubillas, Bobby Charlton y Gianni Rivera.

Adidas comienza a ser el proveedor exclusivo de balones para la Copa del Mundo, el de México se llamó Telstar y cambió la hegemonía de los esféricos marrones y blancos con dieciocho gajos. El nuevo balón consistía en treinta y dos gajos hexagonales, diecisiete blancos y la misma cantidad de negros.

La Copa de México fue la primera en transmitirse a todo el planeta, con mayoría de televisores en blanco y negro. Pero, a la vez, fue el primer mundial transmitido en color por medio de seis cámaras que captaron las imágenes y las distribuyeron por el sistema Intelsat.

La mascota del torneo fue el dibujo de un niño mexicano con el típico sombrero de aquel país de nombre Juanito.

16 selecciones participaron en la ronda final, siendo divididas en 4 grupos de 4 equipos donde los 2 primeros de cada grupo avanzaron a la ronda de cuartos de final, a partir de la cual se dieron duelos de eliminación directa. Las grandes ausencias fueron Argentina, Portugal, Suiza, España y Hungría.

En el primer grupo las favoritas eran la Unión Soviética y México, en una suerte relativamente fácil, y no defraudaron, ambos clasificaron siendo la URSS, por promedio de goles, el líder del grupo. Bélgica y El Salvador no fueron rivales, éste último, incluso no pudo inaugurar su renglón goleador recibiendo 9 de regalo.
Los protagonistas del grupo B se encargaron de aburrir a millares de espectadores con su fútbol ultradefensivo. A pesar de su soporífero catenaccio, los aficionados mexicanos celebraron el pase de la squadra azurra y del equipo charrúa. Suecia e Israel hicieron su mejor esfuerzo pero no fue suficiente.
El grupo C fue un paseo para Brasil a pesar de la férrea oposición de Rumania e Inglaterra. Los ingleses acompañarían a los amazónicos a cuartos de final. Checoslovaquia no alcanzó puntos, muy distante de aquélla subcampeona de 8 años atrás.

El cuarto grupo lo dominó con facilidad el conjunto de Alemania Federal logrando trío de victorias, al igual que Brasil. La gran sorpresa fue Perú, equipo que, de la mano de Teófilo Cubillas venció a Marruecos y a Bulgaria siendo doblegados sólo por 3 golazos de Gerd Müller.

En la capital se enfrentaron la Unión Soviética y Uruguay ganado los rioplatenses por 1 a 0 en un encuentro de un pésimo arbitraje. 4 minutos faltaban para culminar la prórroga cuando Víctor Espárrago marcó el gol uruguayo, evitando de ese modo que el uso de la “monedita” para dirimir el pase a semifinal.

Los peruanos, dirigidos por el brasileño Didí, supieron defenderse de Brasil y protagonizaron un vibrante partido antes de sucumbir por 4-2, con goles de Rivelino, Jairzinho y 2 de Tostao.

Pero el gran partido de los cuartos de final enfrentó a los dos finalistas de 1966, Inglaterra y Alemania Occidental. En la previa al cotejo, los entrenadores de ambos seleccionados, hablaron para la televisión local. Un prudente Helmut Shöen reconoció enfrentarse con un difícil rival; pero el británico Ramsey declaró: “ni yo ni nadie debe dudar de nuestra victoria, porque Alemania nunca le ganó a Inglaterra, ni en el fútbol, ni en la guerra”.

Con dos goles de desventaja a 20 minutos del final, los alemanes levantaron milagrosamente el partido y acabaron ganando 3-2 en la prórroga. Los ingleses se excusaron de la derrota contra Alemania aduciendo que no pudieron contar con su arquero titular Banks, uno de los mejores del torneo, porque había recibido la “Venganza de Moctezuma” al beber cerveza adulterada.


Italia, tras pasar la primera fase como líderes de grupo anotando un solo gol, enfrentaban en cuartos el anfitrión México, equipo de fútbol rápido y alegre, quienes habían logrado pasar la fase de grupos por primera vez en su historia. El equipo americano salió mejor y se adelantó pronto con gol de González pero los italianos respondieron pronto por medio de Domenghini. En la segunda parte, y tras el cambio de Mazzola por Rivera, mejoraron los azzurri, desempatando pronto Riva. Los mexicanos se hundieron abrumados por la responsabilidad e Italia certificó su pase con un doblete de Rivera en los últimos minutos.

Los equipos de Alemania Federal, Brasil, Italia y Uruguay, todos campeones del mundo en torneos previos, alcanzaron a las semifinales.

La semifinal de Italia contra Alemania fue el partido más portentoso del torneo y uno de los más grandiosos de la historia de los mundiales. Ante 100 mil concurrentes en el Azteca lo tuvo absolutamente todo. Un gol de Schnellinger en el tiempo añadido neutralizaba el inicial de Boninsegna.
Después de los 90 minutos reglamentarios, los dos equipos se quedaron atascados en un empate a uno. Lo que siguió en la prórroga forma parte de la historia del fútbol: los dos equipos inclinaron la balanza del resultado a su favor en distintos momentos del partido en una lucha sin cuartel. La prórroga más inolvidable, con cinco goles: primero Müller rematando con todo, remontada de Italia con goles de Burgnich y Riva, otra vez el Torpedo poniendo el 3-3 y a dos minutos del final, el tanto postrero de Rivera, que significaba la final. Y a todo esto, Beckenbauer subsistió en el campo a pesar de su hombro dislocado, con el brazo en cabestrillo sujeto al cuerpo mediante una venda. Un monumento a la grandeza del fútbol.

Los italianos, dirigidos por Ferruccio Valcareggi, con la solidez de Facchetti y De Sisti por delante de Albertosi, el despliegue de Gigi Riva y Sandro Mazzola en media cancha y las intermitencias llenas de talento del Bambino de Oro Gianni Rivera, Italia llegó a la final con un fútbol consolidado.

En la otra semifinal los charrúas cayeron derrotados sin miramientos por tres a uno, pero lo curioso de éste partido no es que se recuerde por los goles cariocas, sino por los goles que no entraron. El 1o fue un disparo de Pelé desde 50 metros luego de un rechazo del arquero Mazurkievicz, mientras que el 2o fue una magistral jugada donde, mano a mano con el arquero, el diez carioca, deja pasar la pelota por un lado del portero, mientras que el franqueó por el otro dejando perplejo al guardameta, para luego ir a buscar la pelota y rematar sin fortuna al arco. Ambas jugadas son más recordadas que los cuatro goles de ese partido.

Los brasileños, el equipo más espectacular del torneo, la apoteosis del juego colectivo, quienes contaban con una inolvidable delantera: Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino, también estaban en la final.

La gran final, dirigida por el alemán Rudolf Glockner, se celebró en la ciudad de México y fue la única ocasión que Brasil tuvo que salir de su sede en Guadalajara. Los dirigidos por Mario “Lobo” Zagalo jugaron un futbol excepcional y eran los favoritos para llevarse el campeonato y también la última edición la copa Jules Rimet.


La telaraña urdida por Valcareggi hasta cierto punto dio resultado. Bertini se encargó de Pelé, Rosato de Tostao, Facchetti de Jairzinho y Burgnich de Rivelino. En el ecuador de la primera mitad, Rivelino pone uno de sus centros teledirigidos a la cabeza de Pelé quebrando el marcador. El gol no desanima a los italianos, maestros del tiempo y sabios en aprovechar los errores del rival. Así, llega un balón sin demasiado peligro al área de Félix, quien duda, y Boninsegna se va de Clodoaldo para igualar, un gol de delantero puro. Así se llega al descanso.
Como había ocurrido en casi todos los partidos anteriores, el equipo verdeamarillo sale decidido a resolver en la segunda parte. Jairzinho se lleva a Facchetti al costado y abre huecos para las penetraciones de Gerson, cuyo buen juego en este tramo del cotejo será clave en la final. El fantástico mediocampista estrella, al cuarto de hora, el balón en el larguero y desequilibra la final cinco minutos después con un gol de genio: sombrero al defensa y en la salida un tiro que se cuela como un obús.
Italia acusa el golpe y tira la toalla definitivamente cuando, 3 minutos después, Jairzinho clava el tercero. La final se ha acabado y como en Suecia doce años antes, los últimos minutos son la mayor gloria del fútbol brasileño. Sale Rivera en el tramo final, pero sólo le alcanza para ver en primera fila una de las más grandes y famosas jugadas de la historia del fútbol: un balón que saca el portero Félix y que llega a Pelé, que sin mirar la pone su derecha donde entra Carlos Alberto como una bala para clavar el 4-1.

Brasil consigue así la Copa Jules Rimet en propiedad por haberla ganado tres veces. Carlos Alberto, el capitán carioca, subió al podio para recibir el trofeo. Pelé, con lágrimas en los ojos, fue paseado triunfalmente a hombros de sus compañeros de equipo. No solo había conseguido su tercera medalla de campeón, sino que acababa de jugar su último partido en una Copa Mundial de la FIFA.

“Aguantamos 60 minutos y nos trituraron en 30” dijo Mazzola tras el partido. Al llegar a la península itálica, los azzurros fueron recibidos por sus connacionales con una lluvia de insultos y tomatazos.

El mejor goleador del torneo fue el alemán Gerd Muller con 10 goles. Jairzinho ha sido el único jugador en la historia de los mundiales que convirtió goles en todas las rondas, tres en la primera y uno en cuartos de final, en semifinal y en la final.

martes, 13 de abril de 2010

Vientos de Guerra en Francia 1938

La III Copa Mundial de Fútbol se disputó en Francia entre el 4 y el 19 de junio de 1938, mientras los tambores de la guerra se retumbaban por toda Europa.

Una de las premisas que perseguía respetar la FIFA desde 1930 era la alternancia entre Europa y Sudamérica a la hora de hospedar los Mundiales de Fútbol. Pero Jules Rimet, temeroso de que la 3a edición de la cita mundialista fuera la última en vista del clima prebélico que se cernía ante la amenaza de los sistemas fascistas, insistió en la elección de Francia como sede, si bien la excusa esgrimida era que el país galo contaba con mejores infraestructuras que Argentina para albergar dicho evento.

Ante el cambio de sede los países sudamericanos declinan su participación. Sólo Brasil asistió ya que tenían serias expectativas de organizar el Mundial de 1942. Tampoco disputaron las eliminatorias España, inmersa en una violenta Guerra Civil, ni Japón y China, que se enfrentaban por aquel entonces en la II Guerra Sino-japonesa.

Fue la primera Copa del Mundo en que cada país llevó 22 jugadores, y también en la que se clasificaron de forma directa tanto el último campeón como el país anfitrión. Se decidió que ante igualdad en la final se jugaría un tiempo extra de 30 minutos y, si aún persistía la paridad, se disputaría un nuevo partido con su respectivo adicional y, si persistiera el empate, ambos equipos se considerarían campeones.

Indonesia, que por ese entonces se llamaba Indias Holandesas, fue el primer equipo asiático en disputar un Mundial.

Iniciado el 4 de junio, los 8os de final revelaron lo emotivo que sería el Mundial. Cinco de los siete encuentros llegaron a prórroga y se precisaron incluso dos desempates. Hungría pasó fácil sobre Antillas Holandesas, mientras los de casa disponían (3-1) de los belgas y los checos goleaban (3- 0) a Holanda.

Cuba protagonizó la sorpresa cuando, tras empatar ante Rumania, aguantó el resultado en la prórroga para forzar un segundo partido, en el cual culminaría la hazaña al vencer por 2 a 1.

Austria había conseguido la clasificación. Sin embargo, cuando el ejército hitleriano invade el país y lo suman al 3er Reich, 5 jugadores del combinado austriaco pasan a engrosar las filas del equipo alemán. La FIFA ofreció la vacante de Austria a Inglaterra, quien se negó indignada por no haber organizado ningún Mundial. Al final, la plaza quedó ausente y Austria descalificada.

El seleccionado germánico, luciendo la esvástica sobre el águila en su camiseta, caería derrotado 4 a 2 frente a la modesto selección de Suiza, luego de ir ganando por dos a cero. En éste cotejo, los 21 mil espectadores repudiaron a los alemanes, quienes saludaron con el típico gesto nazi. En contestación, los asistentes cantaron la Marsellesa.

Por vez primera, Brasil careó la disputa del Mundial con un equipo de garantías, presentando una escuadra con reales opciones de triunfo. Brasil resultó ser la gran atracción de la competición, al desplegar un espléndido juego táctico y justificar su reputación venciendo a Polonia en uno de los mejores partidos de la historia, por un increíble 6-5 (con prórroga incluida). Leonidas, "el diamante negro", y Willimowski marcaron cuatro goles cada uno.

En lo que se conoce como “La Batalla de Burdeos”, Brasil se enfrentó a Checoslovaquia. El cotejo pareció más una carnicería que un partido mundialista. Se dice que el técnico sudamericano, Ademar Pimienta, ordenó a Zezé "que Nejedly no toque la pelota" y cumplió al pie de la letra: a los 12 minutos del primer tiempo le quebró brutalmente el tobillo. A pesar de la terrible lesión, el delantero checo continuó en el campo, (en esa época no se permitían cambios). Leónidas adelantó a los brasileños y Nejedly, pese a su lesión, empató de tiro penal. El juego finalizó con empate. A los brasileños les expulsaron a dos jugadores y le lesionaron varios más. Mientras que a los checos le echaron a un jugador y dos, Planicka, con una clavícula rota y el propio Nejedly, terminaron en el hospital. Para el encuentro de desempate, disputado 48 horas más tarde, los amazónicos sólo pudieron repetir dos futbolistas del primer partido: el arquero Walter y el excepcional delantero Leónidas. A pesar de todos los infortunios triunfaron los cariocas por dos a uno con dos tantos del propio Leónidas, quien concluyó como líder goleador del Mundial con 8 anotaciones.

En el estadio de Colombes con de 61 mil hinchas en las gradas, la anfitriona Francia, que venía de vencer a Bélgica, sucumbió por 1 a 3 ante Italia, vencedora de una dura Noruega (2-1) siendo la primera ocasión que el anfitrión no se alza con la victoria de la Copa Mundial.

Los suizos pagaron el esfuerzo realizado ante los alemanes y cayeron ante los húngaros con goles de Sarosi y Szengeller, mientras Suecia goleaba en su debut a la sorpresiva Cuba (8-0).

Por las semifinales de la Copa del Mundo se enfrentaron las selecciones de Suecia y Hungría. A los 35 segundos de iniciado el cotejo, los suecos convirtieron el primer tanto, pero luego de conseguir la ventaja parcial, no volvieron a patear al arco rival durante los restantes 89 minutos y medio. Los húngaros, en cambio, si patearon al arco sueco y ganaron por 5 a 1 pasando a la final.

Italia, con un gol de penal más que dudoso, repitió la campaña del Campeonato anterior y en semifinales derrotó a Brasil, quienes insólitamente no incluyeron en su equipo titular a Leónidas, a Tim y a Brandao, para reservarlos para una hipotética final. El delantero Piola se tiró al suelo como si le hubiera atravesado un rayo, levantando dramáticamente su mano y señalando a un supuesto agresor. El juez suizo le creyó y cobró el penal, mientras los brasileños protestaban. Piola se levantó del suelo como si nada hubiese pasado. El encargado de convertir el penal en gol fue Giuseppe Meazza quien tomó carrera y, cuando le faltaban dos pasos para llegar a la pelota, se le cayó el pantalón. El ejecutor rápidamente se levantó el pantalón con la mano derecha y, sin darle tiempo a Walter, el arquero brasileño, convirtió el tiro desde los doce pasos.

El 19 de junio, en el estadio Colombes de París, y frente a 50 mil personas, italianos y húngaros disputaron el título. Mussolini, envió a Meazza, el capitán italiano, un telegrama el cual finalizaba con un “vencer o morir”.

Los italianos, con un apasionamiento inusitado, pudieron contener la imaginación magiar y encauzar el encuentro en la primera mitad. En los primeros minutos Colaussi inaugura la cuenta, que fue anulada casi de inmediato por Titkos. Pero Piola y otra vez Colaussi aventajan a los italianos antes del final del primer tiempo.

En la segunda parte Sarosi le da emoción al partido acortando distancias a 20 minutos del final, pero los últimos minutos de la 'azzurra' volvieron a ser fulminantes: el magnífico entendimiento entre Meazza y Piola sirvió para que éste sentenciara en el minuto 82, poniendo el broche de oro al partido, al campeonato y, en definitiva, al fútbol antes de la II Guerra Mundial.

Finalmente Italia venció por 4 tantos contra 2, Pozzo y los suyos volvieron a salvar la vida. Los magiares dejaron el césped con lágrimas en los ojos. Años más tarde, Szabó, el portero húngaro, declaró: “Nunca en mi vida me sentí más feliz después de un partido. Con los cuatro goles que me hicieron, le salvé la vida a once seres humanos.

Cuatro años después de obtener el título en Roma, la selección italiana se convirtió en el primer bicampeón de la historia y, de paso, en el primer equipo que lograba el campeonato fuera de su país.

Al siguiente día, los campeones vistieron uniforme marcial en la ceremonia de premiación y, encarando al público, saludaron con la palma de la mano extendida, el típico saludo "Fascista".

Cuando finaliza este Mundial el mundo del fútbol sufriría un parón de 12 años debido a la Guerra Mundial, reanudándose nuevamente en 1950. Otra etapa, otro fútbol.