lunes, 17 de mayo de 2010

El Futuro del Balompié en Europa: ¿La Superliga?

Ya en Europa finalizaron los campeonatos nacionales de fútbol donde la emoción estuvo disgregada entre las definiciones de campeonato, la obtención de cupos para las competiciones continentales y la lucha por evitar el descenso a las categorías inferiores.

Poco más o menos, con algunas excepciones, todos los años se repiten historias similares, pero lo que sí se diferenció sobremanera esta temporada es la marcada polarización entre los líderes y el resto de los equipos de las ligas.
En las recién finalizadas competencias hemos podido seguir las impresionantes campañas del Barcelona y Real Madrid en España, el Chelsea y el Manchester United en Inglaterra, El Bayern Munich en Alemania, el Inter y la Roma en Italia y los Olympique de Marsella y Lyon franceses.
Pudimos ver una diferencia de hasta 25 puntos entre el segundo y tercer clasificados en el país hispano y de 10 puntos entre las mismas posiciones en la bota itálica. Esto me lleva a retomar una idea discurrida hace pocos años por aires europeos que pudiera tener vigencia en esta época: la Superliga de Europa.

Los grandes capitales industriales y económicos del mundo, con mención especial en los provenientes de los magnates rusos, están adquiriendo la mayoría de las acciones de los conjuntos más renombrados del viejo continente (aunque también incurren en otras latitudes y disciplinas). Esto apunta a que estos nuevos propietarios realizan fortísimas inversiones en la adquisición de los mejores técnicos y jugadores que proyectan el rendimiento de estos “afortunados” equipos en detrimento de los que no pueden, ni en sueños, invertir competitivamente creando una enorme brecha en las clasificaciones y en el interés de la afición.
A principios del ciclo 2009-10 nos asombramos de la danza de dinero que se exhibió con los más costosos fichajes de la historia e intuimos que el capital de aproximadamente una docena de equipos en Europa sobrepasa con creces las economías de varias decenas de países en el mundo. Entre otras consecuencias, lo anterior crea malestar en las canteras de jugadores que ven mermadas sus oportunidades en sus respectivos clubes de origen por la llegada de personajes foráneos, ya sean veteranos o en calidad de prospectos, los cuales paralizan el desarrollo canterano, otrora fuente de grandes jugadores que inundaban los campos de sus concernientes países y proporcionaban calidad a sus selecciones nacionales. Caso típico actual es el Inter de Milán, en cuyo encuentro de semifinal europea frente al Barcelona no alineó a un solo italiano en sus filas.
Por ello, la creación de una Superliga continental ya no se ve tan lejana. En ella se conjugarían los equipos de la región que mantienen una diferencia marcada con sus connacionales y que estarían en capacidad de costear grandes fichajes y enormes gastos logísticos. Pero aún tendría muchos flecos a tener en cuenta, como las repercusiones en las competencias del continente verbigracia la Champions y la Europa League, el acaparamiento de los mejores jugadores del orbe, el acceso y desincorporación de conjuntos, la concepción de normativas consensuadas que regulen el funcionamiento de la nueva liga y, a la vez, la de las competiciones nacionales remanentes donde, a mi parecer, debería obligarse a mantener un cupo fijo de jugadores vernáculos en sus nóminas. Esto con la finalidad de desarrollar el talento joven y mantener la continuidad generacional.

Una superliga con un formato como la MLS o la NBA, con equipos fijos, con la condición de revisar el intercambio de equipos cada cierto lapso de tiempo parece ser el norte del balompié en la Europa cercana. En caso contrario, y si se mantiene este ritmo de centralización de talentos, veremos con mayor frecuencia a los mismos clubes en la cúspide de las tablas de clasificación lo que derivará en la pérdida de la pasión del público y notorio detrimento del espectáculo.

sábado, 15 de mayo de 2010

Mundial 1974. La Final de los Dos Campeones

Alemania Federal organizó la X Copa del Mundo de Fútbol, que se realizó del 13 de junio al 7 de julio de 1974. Al igual que México, los germanos aprovecharon la infraestructura levantada para los olímpicos que se disputaron en Múnich dos años atrás. Las sedes se dispersaron a lo largo de toda la República totalizando 9 ciudades.
En 1964, en el congreso celebrado en Tokio, la FIFA resolvió que el campeonato de 1974 se disputara en Alemania. A pesar del aún vivo recuerdo de la muerte de millones de inocentes y enormes pérdidas materiales que provocó la 2a gran guerra, el nuevo presidente de la FIFA, João Havelange, creía que era injusto y exagerado que Alemania no fuera sede de la Copa Mundial, ya que la realidad del país y el pensamiento general de los mismos alemanes repudiaba el pasado nazi y deseaba una oportunidad de resarcir errores. Además habían obtenido un título mundial en 1954, y habían llegado muy lejos en 1958, 1966 y 1970.
Uno de los contendores de las eliminatorias no logró clasificó por ser fiel a sus ideales. Luego del empate sin goles en Moscú los soviéticos se negaron a jugar el partido de vuelta con Chile debido al golpe de estado liderado por Augusto Pinochet, quien derrocó al gobierno de Salvador Allende, quién fue encontrado muerto en su despacho presidencial. Los europeos rompieron relaciones con el nuevo régimen. Ellos aducían que no se podía disputar una eliminatoria en un campo de concentración. Se referían al estadio Nacional, el cual fue utilizado como patio de fusilamientos durante el genocida gobierno de facto; se calcula que durante las primeras semanas pasaron por allí alrededor de 4 mil detenidos.
Finalmente los rusos debieron pagar una multa por no presentarse a jugar y la selección chilena disputó uno de los partidos más patéticos de su historia mundialista. En ese encuentro los trasandinos jugaron contra nadie y en el arco vacío anotó los cinco goles más fáciles de la historia, ante un colmado estadio que ovacionaba de pie a los héroes que derrotaban al comunismo despiadado. Así, la roja lograba su valiente participación en el mundial del ´74.

Hungría, España (por última vez), Francia e Inglaterra no alcanzaron el cupo deseado.
Se estrenaba nueva copa y la codiciaban 9 selecciones europeas, 5 americanas y también Australia y Zaire. Se llamó la Copa Mundial FIFA y se dispuso que el modelo se eligiera por concurso, al que se presentaron 53 proyectos de 7 países, donde cinco miembros de la FIFA se encargaron de e el trofeo ganador.
El autor, escogido por unanimidad, fue Silvio Gazzaniga de la firma milanesa Bertoni. La estatuilla mide 36 centímetros, pesa 4970 gramos, costó alrededor de 20 mil dólares y está construida de oro macizo de 18 quilates.
La obra representa a dos atletas en posición de victoria, alzando los brazos y sosteniendo un globo terráqueo. La base es de malaquita y su ancho máximo, ubicado en el globo, mide 150 mm.

El Mundial de Alemania repitió la pelota Telstar, estrenada 4 años atrás en México, pero con la variante de ser la primera pelota impermeable. Adidas incorpora el número del jugador en los pantalones. También fue el primer torneo en utilizar dos mascotas en vez de una, se trató de dos niños morochos, uno moreno y bajo y el otro rubio y más alto llamados Tip y Tap.
La matanza de deportistas israelíes cometida por el grupo Septiembre Negro en los Juegos Olímpicos de 1972 cambió para siempre la concepción de la seguridad en los grandes eventos deportivos. Como precaución, los espectadores, periodistas, empleados del estadio y hasta los conjuntos folklóricos que actuaron en la ceremonia inaugural estuvieron asegurados: 4.000 dólares en caso de muerte y 8.000 en caso de invalidez. La fiesta inaugural tuvo un colorido magnífico y una organización excelente.
Como principales novedades destacan las referentes al sistema de clasificación. Los 16 equipos participantes se reducen a la mitad en la primera fase. Los ocho combinados restantes se dividían en dos grupos donde los ganadores de cada uno se enfrentarían en la final y las dos selecciones escoltas lucharían por el tercer y cuarto puesto.

En el grupo A la selección anfitriona pasó apuros debido al inédito enfrentamiento entre las dos alemanias. La República Democrática venció ese partido por la mínima gracias a gol de Sparwasser. Fue, quizás, el último grito a favor del fútbol amateur, que era el carácter que tenía en la Alemania comunista frente al capitalismo de los profesionales. Así quedó líder de grupo sobre la Federal quedando en el camino Chile, con dos empates ante los orientales y la colista Australia quienes perdieron ante ambos germanos. La derrota le permitió a la República Federal eludir en la segunda fase a Holanda y Brasil.
En el grupo B se enfrentaron Brasil, campeón reinante, y Yugoslavia protagonizando un insulso empate sin goles en el cotejo inaugural.

Días después del debut de la selección de Zaire, donde cayó derrotada ante Escocia por 2 a 0 y en vísperas del partido contra Yugoslavia, llegó a Alemania un grupo de brujos del país africano para ejercer influencia espiritual y facilitar la labor del inexperto equipo nacional. Pero cuando los hechiceros llegaron a la puerta de la concentración zaireña, su director técnico, el yugoslavo Vidinic, no les permitió el acceso. Nunca antes siete jugadores de un mismo equipo habían marcado un gol en un solo partido. Lo hicieron siete yugoslavos ante Zaire (9-0).
El grupo fue regido por Yugoslavia, seguido por los cariocas. Ambos avanzaron por diferencia de goles, ya que hubo un triple empate en el primer lugar entre ellos y Escocia. Los africanos se despidieron del certamen sin puntos ni goles a favor, recibiendo la friolera de 14 tantos en su valla. Escocia fue el único conjunto que no perdió ningún partido en la Copa de 1974. Ningún otro equipo ha sido eliminado en la primera fase después de ganar un encuentro y permanecer invicto.
En el tercer grupo se presentó la gran sensación del certamen, la "Naranja Mecánica", la selección holandesa, cuyo juego destacaba por su "fútbol total", una táctica innovadora en la que todos defendían y atacaban en bloque. Al respecto, su líder, Johan Cruyff, comentaba: " Holanda no tiene un sistema de juego. Tiene varios y los aplica según las necesidades del partido. Nos importa saber cómo juega el adversario, sus puntos fuertes y sus flancos débiles. Pero sobre todo nos interesa saber qué somos capaces de hacer”.

Los holandeses pasearon el grupo con 5 puntos invictos, al igual que Suecia, aunque con un punto menos al ceder un empate con Bulgaria (posteriormente entablarían con los tulipanes). Los escandinavos presentaron un equipo muy completo en todas sus líneas, destacando su veterano arquero Ronnie Hellström y el joven delantero Ralf Edström. La gran decepción fue Uruguay quien se despidió del mundial con solo un punto y un gol en sus haberes.

Polonia, un aguerrido conjunto que contaba entre sus filas al gigante y ágil cancerbero Jan Tomaszewski, su diligente capitán Deyna y a los letales Lato y Szarmach encabezó el cuarto grupo con el puntaje ideal seguida por la selección argentina, que en el debut perdió con los polacos, empatando luego a un tanto con Italia.

El haitiano Ernest Jean Joseph protagonizó el primer caso de dopaje en la historia de los mundiales. Consumió la sustancia efedrina, pero como no había una legislación antidoping, sólo se le expulsó del torneo. Dos días después de su único partido en un mundial, contra Polonia, fue sacado en secreto y por la fuerza de la concentración por acción de la guardia del dictador haitiano Jean Claude Duvalier. Una vez en su tierra natal, lo condujeron al palacio de gobierno, donde fue reprimido personalmente por su presidente y trasladado luego a un campo de detención clandestina, donde fue salvajemente torturado. Dos años más tarde recuperaría su libertad.

Para clasificar a la 2a ronda, Argentina debía derrotar por varios goles a Haití y esperar que los polacos derrotasen a los italianos. Los polacos cumplieron dominando a los ítalos 2 a 1 y los albicelestes a los caribeños por 4 tantos a 1. Argentina clasificó por diferencia de goles. Haití, a pesar de albergar 14 goles en sus alforjas celebró los 2 goles de Enmanuel Sanón, los cuales todavía se recuerdan hoy en día.
Al conformarse los grupos en la segunda fase, Argentina fue indefensa víctima del “futbol total” y fueron arrollados 4 a 0 por los holandeses. Tanto la “naranja mecánica” como los “verdeamarelhos” dominaron sus cotejos ante pamperos y alemanes del Oriente enfrentándose en un durísimo partido por el pase a la final el cual finalizó a favor de los europeos con anotaciones de Neeskens y Cruyff.

En el otro grupo se vivió situación similar cuando alemanes y polacos sometieron a suecos y yugoslavos, incluyendo un apasionante encuentro entre teutones y escandinavos bajo un torrencial aguacero y 6 goles, 4 de Alemania. Los capitaneados por Kazimierz Deyna no pudieron desbaratar la ordenada defensa orquestada por Franz Beckenbauer y sucumbieron por el golazo de Gerd Müller en el minuto 76. Caía Polonia, la selección sorpresa y, con 16 tantos, la más goleadora del torneo; su portero, Tomaszewski, fue el primero en detener, en juego, dos tiros de penal en un mundial.

Ni la técnica brasileña, ni la astucia polaca alcanzaron para afianzarse en las posiciones de honor, debiendo conformarse con el partido consuelo. Polonia, con tanto de su estrella Lato, logró el bronce ante un Brasil desarticulado y sin alma.
Por primera vez en la historia, la final de la Copa Mundial de la FIFA no se celebró en la capital del país anfitrión: las selecciones de Alemania Occidental y Holanda se enfrentaron en el Olympiastadion de Múnich con sus oncenas de gala: Alemania con Maier, Vogts, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Breitner, Hoeness, Bonhof, Overath, Grabowski, Müller y Holzenbein. Holanda lo hizo con Jongbloed, Suurbier, Rijsbergen (de Jong, m. 68), Haan, Krol, Jansen, Neeskens, Van Hanegem, Rep, Cruyff y Rensenbrink (R. Van de Kerkhof, m. 46).
Se enfrentaban la experiencia de los tres mundiales de Franz Beckenbauer contra la capacidad de mando de Cruyff. La picardía de Neeskens frente al cerrojo de Maier y Vogts. El fútbol colectivo y la estrategia de juego adornada con talentos personales versus la fluidez de movimientos rápidos para taponar todos los espacios relegando a un segundo plano la posición en el campo.
Antes de que se cumpliera el minuto de juego, Cruyff se internó en el área y fue derribado por Hoeness, la pena máxima la transforma Nesskens, el gol más rápido anotado en una final.
El orgullo alemán estaba herido. A pesar de llevar el marcador en contra, los alemanes no se intimidaron y cambiaron las marcas. Vogts bloqueó la capacidad creadora de juego de Johan y Bonhof hizo lo propio con Neeskens. Beckenbauer deleitó al público con genialidades que acapararon centros a favor de los delanteros alemanes y que provocaron, tras mucha persistencia, un nuevo penal que subió al marcador con disparo de Breitner. El encuentro se igualó, aunque el peso del choque recayó en las espaldas alemanas. Esa persistente delantera acompañada de una defensa firme y férrea definía al seleccionado federal como un equipo que exprimía su máximo rendimiento para hacerlo efectivo. De ahí que llegara el segundo y último gol del partido. No podía ser otro que Muller quien le diera la vuelta al marcador.

En la segunda mitad, los holandeses buscaron febrilmente el empate. El cansancio les pasó factura y las grandes actuaciones del arquero Maier los alejaban de su meta. La naranja mecánica se debilitaba mientras los alemanes se encerraban en su campo para mantener intacto el marcador. Aún así nunca se rindieron y buscaron una épica remontada que nunca llegó. Tras el pitazo final Alemania alcanzaba, 20 años después de su primera victoria en Suiza, su segundo título Mundial.

Lato, con siete tantos, resultó goleador de la Copa, seguido por su conacional Szarmach y el holandés Neeskens, ambos con cinco.

Gerd Muller rompió el récord de mayor cantidad de goles convertidos por un jugador en los mundiales: luego de haber convertido diez tantos en el Mundial de México ´70, envió la pelota al fondo del arco cuatro veces en su tierra natal. Al finalizar el mundial, el delantero alemán se retiró de la selección.

El Mundial del ´74, también se recuerda por ser el de mayor cantidad de tarjetas de amonestación, fueron mostradas setenta y nueve amarillas y cinco rojas.

Hasta el día de hoy se establece que el título lo obtuvo Alemania, pero el campeón “moral” fue la mágica selección de los países bajos. Holanda perdió la final, pero eso no impidió a la selección de los Países Bajos marcar un antes y un después en la historia del fútbol.

martes, 11 de mayo de 2010

Mundial 1970. Oda a la Caballerosidad y al Jogo Bonito

Entre el 31 de mayo y el 21 de junio de 1970 México fue el anfitrión de la IX edición del Campeonato Mundial de Fútbol. La disputa por la Copa Jules Rimet se tornó muy interesante ya que el trofeo se lo podría quedar a perpetuidad la escuadra que logrará 3 títulos: Uruguay, Brasil e Italia eran los candidatos posibles.

En octubre de 1964, la FIFA aceptó los dos argumentos vitales exhibidos por México para elegirlo: tendría la infraestructura lista porque organizaría los Juegos Olímpicos del 68, con la fastuosidad del estadio Azteca, con capacidad para 105.000 espectadores, y además transitaba por una realidad política más estable que Argentina, el otro país que pugnaba por la organización.

En este mundial se utilizaron por primera vez las tarjetas amarillas y rojas. El motivo principal de su inclusión fue el desmedido juego cargado de infracciones violentas en el mundial anterior.

Hasta Chile 62, sólo se podía sustituir el arquero en caso de lesión. En una modificación del reglamento se autorizó efectuar hasta dos cambios y, al igual que con las tarjetas, en el partido inaugural ingresó el primer suplente de la historia de los mundiales, se trató del soviético Puzachs, quién reemplazó a Serebrjannikov al comienzo del segundo tiempo.

Este torneo es considerado por diversos expertos como uno de los mejores en la historia del fútbol debido, en primera instancia, a su juego limpio, ya que se cumplió sin un solo expulsado, igualando el récord de 1950 y a la presencia de algunos de los mejores jugadores de este deporte, como Pelé, Beckenbauer, Gerd Müller, Teófilo Cubillas, Bobby Charlton y Gianni Rivera.

Adidas comienza a ser el proveedor exclusivo de balones para la Copa del Mundo, el de México se llamó Telstar y cambió la hegemonía de los esféricos marrones y blancos con dieciocho gajos. El nuevo balón consistía en treinta y dos gajos hexagonales, diecisiete blancos y la misma cantidad de negros.

La Copa de México fue la primera en transmitirse a todo el planeta, con mayoría de televisores en blanco y negro. Pero, a la vez, fue el primer mundial transmitido en color por medio de seis cámaras que captaron las imágenes y las distribuyeron por el sistema Intelsat.

La mascota del torneo fue el dibujo de un niño mexicano con el típico sombrero de aquel país de nombre Juanito.

16 selecciones participaron en la ronda final, siendo divididas en 4 grupos de 4 equipos donde los 2 primeros de cada grupo avanzaron a la ronda de cuartos de final, a partir de la cual se dieron duelos de eliminación directa. Las grandes ausencias fueron Argentina, Portugal, Suiza, España y Hungría.

En el primer grupo las favoritas eran la Unión Soviética y México, en una suerte relativamente fácil, y no defraudaron, ambos clasificaron siendo la URSS, por promedio de goles, el líder del grupo. Bélgica y El Salvador no fueron rivales, éste último, incluso no pudo inaugurar su renglón goleador recibiendo 9 de regalo.
Los protagonistas del grupo B se encargaron de aburrir a millares de espectadores con su fútbol ultradefensivo. A pesar de su soporífero catenaccio, los aficionados mexicanos celebraron el pase de la squadra azurra y del equipo charrúa. Suecia e Israel hicieron su mejor esfuerzo pero no fue suficiente.
El grupo C fue un paseo para Brasil a pesar de la férrea oposición de Rumania e Inglaterra. Los ingleses acompañarían a los amazónicos a cuartos de final. Checoslovaquia no alcanzó puntos, muy distante de aquélla subcampeona de 8 años atrás.

El cuarto grupo lo dominó con facilidad el conjunto de Alemania Federal logrando trío de victorias, al igual que Brasil. La gran sorpresa fue Perú, equipo que, de la mano de Teófilo Cubillas venció a Marruecos y a Bulgaria siendo doblegados sólo por 3 golazos de Gerd Müller.

En la capital se enfrentaron la Unión Soviética y Uruguay ganado los rioplatenses por 1 a 0 en un encuentro de un pésimo arbitraje. 4 minutos faltaban para culminar la prórroga cuando Víctor Espárrago marcó el gol uruguayo, evitando de ese modo que el uso de la “monedita” para dirimir el pase a semifinal.

Los peruanos, dirigidos por el brasileño Didí, supieron defenderse de Brasil y protagonizaron un vibrante partido antes de sucumbir por 4-2, con goles de Rivelino, Jairzinho y 2 de Tostao.

Pero el gran partido de los cuartos de final enfrentó a los dos finalistas de 1966, Inglaterra y Alemania Occidental. En la previa al cotejo, los entrenadores de ambos seleccionados, hablaron para la televisión local. Un prudente Helmut Shöen reconoció enfrentarse con un difícil rival; pero el británico Ramsey declaró: “ni yo ni nadie debe dudar de nuestra victoria, porque Alemania nunca le ganó a Inglaterra, ni en el fútbol, ni en la guerra”.

Con dos goles de desventaja a 20 minutos del final, los alemanes levantaron milagrosamente el partido y acabaron ganando 3-2 en la prórroga. Los ingleses se excusaron de la derrota contra Alemania aduciendo que no pudieron contar con su arquero titular Banks, uno de los mejores del torneo, porque había recibido la “Venganza de Moctezuma” al beber cerveza adulterada.


Italia, tras pasar la primera fase como líderes de grupo anotando un solo gol, enfrentaban en cuartos el anfitrión México, equipo de fútbol rápido y alegre, quienes habían logrado pasar la fase de grupos por primera vez en su historia. El equipo americano salió mejor y se adelantó pronto con gol de González pero los italianos respondieron pronto por medio de Domenghini. En la segunda parte, y tras el cambio de Mazzola por Rivera, mejoraron los azzurri, desempatando pronto Riva. Los mexicanos se hundieron abrumados por la responsabilidad e Italia certificó su pase con un doblete de Rivera en los últimos minutos.

Los equipos de Alemania Federal, Brasil, Italia y Uruguay, todos campeones del mundo en torneos previos, alcanzaron a las semifinales.

La semifinal de Italia contra Alemania fue el partido más portentoso del torneo y uno de los más grandiosos de la historia de los mundiales. Ante 100 mil concurrentes en el Azteca lo tuvo absolutamente todo. Un gol de Schnellinger en el tiempo añadido neutralizaba el inicial de Boninsegna.
Después de los 90 minutos reglamentarios, los dos equipos se quedaron atascados en un empate a uno. Lo que siguió en la prórroga forma parte de la historia del fútbol: los dos equipos inclinaron la balanza del resultado a su favor en distintos momentos del partido en una lucha sin cuartel. La prórroga más inolvidable, con cinco goles: primero Müller rematando con todo, remontada de Italia con goles de Burgnich y Riva, otra vez el Torpedo poniendo el 3-3 y a dos minutos del final, el tanto postrero de Rivera, que significaba la final. Y a todo esto, Beckenbauer subsistió en el campo a pesar de su hombro dislocado, con el brazo en cabestrillo sujeto al cuerpo mediante una venda. Un monumento a la grandeza del fútbol.

Los italianos, dirigidos por Ferruccio Valcareggi, con la solidez de Facchetti y De Sisti por delante de Albertosi, el despliegue de Gigi Riva y Sandro Mazzola en media cancha y las intermitencias llenas de talento del Bambino de Oro Gianni Rivera, Italia llegó a la final con un fútbol consolidado.

En la otra semifinal los charrúas cayeron derrotados sin miramientos por tres a uno, pero lo curioso de éste partido no es que se recuerde por los goles cariocas, sino por los goles que no entraron. El 1o fue un disparo de Pelé desde 50 metros luego de un rechazo del arquero Mazurkievicz, mientras que el 2o fue una magistral jugada donde, mano a mano con el arquero, el diez carioca, deja pasar la pelota por un lado del portero, mientras que el franqueó por el otro dejando perplejo al guardameta, para luego ir a buscar la pelota y rematar sin fortuna al arco. Ambas jugadas son más recordadas que los cuatro goles de ese partido.

Los brasileños, el equipo más espectacular del torneo, la apoteosis del juego colectivo, quienes contaban con una inolvidable delantera: Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino, también estaban en la final.

La gran final, dirigida por el alemán Rudolf Glockner, se celebró en la ciudad de México y fue la única ocasión que Brasil tuvo que salir de su sede en Guadalajara. Los dirigidos por Mario “Lobo” Zagalo jugaron un futbol excepcional y eran los favoritos para llevarse el campeonato y también la última edición la copa Jules Rimet.


La telaraña urdida por Valcareggi hasta cierto punto dio resultado. Bertini se encargó de Pelé, Rosato de Tostao, Facchetti de Jairzinho y Burgnich de Rivelino. En el ecuador de la primera mitad, Rivelino pone uno de sus centros teledirigidos a la cabeza de Pelé quebrando el marcador. El gol no desanima a los italianos, maestros del tiempo y sabios en aprovechar los errores del rival. Así, llega un balón sin demasiado peligro al área de Félix, quien duda, y Boninsegna se va de Clodoaldo para igualar, un gol de delantero puro. Así se llega al descanso.
Como había ocurrido en casi todos los partidos anteriores, el equipo verdeamarillo sale decidido a resolver en la segunda parte. Jairzinho se lleva a Facchetti al costado y abre huecos para las penetraciones de Gerson, cuyo buen juego en este tramo del cotejo será clave en la final. El fantástico mediocampista estrella, al cuarto de hora, el balón en el larguero y desequilibra la final cinco minutos después con un gol de genio: sombrero al defensa y en la salida un tiro que se cuela como un obús.
Italia acusa el golpe y tira la toalla definitivamente cuando, 3 minutos después, Jairzinho clava el tercero. La final se ha acabado y como en Suecia doce años antes, los últimos minutos son la mayor gloria del fútbol brasileño. Sale Rivera en el tramo final, pero sólo le alcanza para ver en primera fila una de las más grandes y famosas jugadas de la historia del fútbol: un balón que saca el portero Félix y que llega a Pelé, que sin mirar la pone su derecha donde entra Carlos Alberto como una bala para clavar el 4-1.

Brasil consigue así la Copa Jules Rimet en propiedad por haberla ganado tres veces. Carlos Alberto, el capitán carioca, subió al podio para recibir el trofeo. Pelé, con lágrimas en los ojos, fue paseado triunfalmente a hombros de sus compañeros de equipo. No solo había conseguido su tercera medalla de campeón, sino que acababa de jugar su último partido en una Copa Mundial de la FIFA.

“Aguantamos 60 minutos y nos trituraron en 30” dijo Mazzola tras el partido. Al llegar a la península itálica, los azzurros fueron recibidos por sus connacionales con una lluvia de insultos y tomatazos.

El mejor goleador del torneo fue el alemán Gerd Muller con 10 goles. Jairzinho ha sido el único jugador en la historia de los mundiales que convirtió goles en todas las rondas, tres en la primera y uno en cuartos de final, en semifinal y en la final.

sábado, 8 de mayo de 2010

Steffi Graf. Pasión y Potencia en la Raqueta

En vísperas de la celebración del Día de la Madre, quiero hacer un reconocimiento a una atleta excepcional quién, a su retiro de las canchas, ha dedicado su energía para formar una hermosa familia.

Stefanie Maria Graf, mejor conocida como Steffi Graf, es una jugadora de tenis profesional retirada, nacida el 14 de junio de 1969 en Mannheim, República Federal Alemana.

A los tres meses ya sabía andar y a los 4 años empezó a jugar al tenis. Su padre, Peter, aprovechaba el tiempo libre que le dejaba la venta de coches y seguros para ser monitor de tenis y, al ver el interés que la pequeña Steffi demostraba en el deporte, le regaló una raqueta de madera. Comenzó golpeando la pelota contra la pared de la sala de su casa y con cinco años ya participó en su primer torneo. Salió derrotada y rompió a llorar al conocer el fracaso mostrando ya, con su corta edad, su característico afán perfeccionista.

Esa niña, luego de ganar las copas "Junior" de Alemania y Europa, decidió dar el salto al circuito femenino el 18 de octubre de 1982, con 13 años, a la par de Gabriela Sabatini y Mary Jo Fernández, un trío llamado a desbancar a las tenistas que dominaban entonces. Al día siguiente, perdió contra Tracy Austin (4-6, 0-6).

La alemana poco tardó en diplomarse. En 1986, sus victorias frente a Navratilova, tanto en arcilla como en el cemento del Family Circle Cup de Cayo Vizcaíno, donde se impuso además en la final a Evert, le otorgaron la categoría de estrella.

Graf se convirtió en la jugadora número 1 del mundo el 17 de agosto de 1987 y se mantuvo en esa posición hasta el 10 de marzo de 1991, 186 semanas consecutivas. En total, se apoderó de la posición de honor durante 377 semanas, ambos records inigualados.

En la pista, su mejor arma era el golpe de derecha. Ejecutado de una manera poco ortodoxa, era un golpe potentísimo y muy preciso con el que conseguía desbordar a sus rivales desde cualquier ángulo de la pista. Por el contrario, no tenía confianza en su revés y sólo en muy contadas ocasiones utilizaba este golpe para ganar los puntos. Pero lograba ejecutar con gran precisión el revés cortado, a fin de incomodar a su rival y que terminó siendo tan característico de su estilo como su potente derecha. Además, poseía un gran servicio y, aunque jugaba básicamente desde el fondo de la pista, voleaba con seguridad. Al margen de sus golpes, hay que destacar su velocidad y su juego de piernas, que le permitían desplazarse muy rápidamente hacia su izquierda y golpear de derecha bolas que normalmente se juegan de revés.

Steffi ganó su primer Grand Slam a los 17 años y, en 1988, su año cumbre, se convirtió en la primera y única mujer en ganar el Golden Slam al superar a Chris Evert en el Abierto de Australia, a Natasha Zvereva en Roland Garros, a Martina Navratilova en Wimbledon, a Gabriela Sabatini en el Abierto de los Estados Unidos y nuevamente a Gabriela Sabatini en la final de los Juegos Olímpicos de Seúl. Desde entonces su trayectoria fue imparable, hasta acumular 22 títulos individuales de Grand Slam, a sólo dos del récord absoluto, en posesión de la australiana Margaret Smith. Graf ganó 107 torneos WTA, ocupando la tercera posición en la lista de todos los tiempos, detrás de Navratilova (167) y Evert (157).

Es la única tenista (incluyendo a los hombres) en haber ganado los cuatro torneos de Grand Slam dos veces en dos décadas diferentes y en ganar todos los Cuatro Grandes al menos cuatro veces. El balance de victorias/derrotas de su carrera es 902-115. Entre junio de 1989 y mayo de 1990 encadenó 68 victorias consecutivas, lo que constituye la segunda mejor racha de la historia, superada tan sólo por la que logró la Navratilova en 1984 (73). Sus ganancias totales fueron de 20.130.835 dólares.

En 1990, en la cima de su carrera, sufrió un duro golpe cuando su padre fue encarcelado por evasión de impuestos sobre sus ganancias. La deportista alemana que una vez había dicho: 'Se lo debo todo a mi padre' se sintió desolada.

Después de ver crecer, desarrollarse y desaparecer a varias generaciones de rivales, la jugadora alemana fue asediada por la incapacidad de sus articulaciones para soportar el ritmo de la competición.

La relación de Graf con los hospitales se remonta a 1990, cuando en febrero se fractura un dedo. Pero su via crucis comenzó de verdad tres años después al sufrir su primera operación en el pie derecho y, con todo, apenas seis semanas más tarde se impuso en el Masters. Esa brillante reaparición no ocultó, sin embargo, la debilidad de sus huesos. De nuevo la espalda y la rodilla izquierda pusieron a la alemana contra las cuerdas en 1995. Fue el aviso del calvario que luego soportó durante el resto de su carrera. Tras una operación de rodilla a la que se sometió en 1997 y que le costó ocho meses en dique seco, empezó a perder su forma y salió del ranking por primera vez desde 1983. En 1999, cuando parecía recuperar toda su capacidad profesional, anunció su retirada definitiva. Ese año se había dado cuenta de que había perdido la alegría y la ilusión de jugar al tenis.

Graf jugó su postrer cotejo ante Amy Frazier, tras abandono por lesión, el 13 de agosto de 1999. Su último partido completo fue la final de Wimbledon de ese mismo año, que perdió contra Lindsay Davenport (4-6, 5-7). Unas semanas antes, Graf se alzó con su último título de Roland Garros, en una memorable final contra la entonces número 1, Martina Hingis (4-6, 7-5, 6-2); en las rondas anteriores, también había dejado en el camino a la número 2 (Lindsay Davenport) y a la 3ª clasificada (Monica Seles).

Con su marcha, las pistas centrales de los principales coliseos de tenis del mundo perdieron a la gran figura que personificó la pasión, la entrega, la velocidad, inteligencia y potencia del tenis femenil. Steffi Graf anunció en Heidelberg, con 30 años, que la carrera de la mejor tenista del final del siglo XX había llegado a su colofón.

Graf, a pesar de sus duras facciones, es también conocida por su sentido del humor. Durante una ardua semifinal en Wimbledon contra Kimiko Date, estaba a punto de sacar cuando un espectador gritó "¡Steffi!". Los presentes, incluyendo la jugadora, comenzaron a reír. Cuando estuvo lista para hacer el servicio otra vez, el espectador volvió a gritar "¡Steffi! ¿Te casarías conmigo?" El estadio entero reía y el juego se detuvo unos instantes. Steffi botó la pelota contra el suelo para sacar, se giró hacia el espectador y le gritó "¿Cuánto dinero tiene?". Graf perdió el set 2-6, pero ganó el partido 6-2, 2-6 y 6-3 para llegar a la final, donde derrotó a Arantxa Sánchez Vicario.

Entre otros, Graf fue galardonada con el premio de la BBC Sports a la "Personalidad del año" en 1988 y recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 1999.

Steffi contrajo nupcias el 22 de octubre de 2001, con el también as del tenis Andre Agassi en la residencia de éste en Las Vegas, sólo con las madres de ambos como testigos. A finales de ese año nació su primer hijo, Jaden Gil, 6 semanas antes de término. Dos años después recibieron a su hija Jaz Elle, segundo de la pareja. La felicidad estaba colmada.

En la actualidad, Graf es embajadora de WWF. Creó y patrocina la fundación "Children for Tomorrow", la cual se dedica a proyectos de asistencia para niños y familias víctimas de la guerra y persecuciones.