martes, 2 de noviembre de 2010

José Luis Violeta: El León de Torrero

Era yo adolescente cuando logré colarme en el Estadio Universitario de Fútbol de Caracas junto a una de las figuras más profesionales y leales del balompié español de todos los tiempos. Cargaba una maleta que parecía más grande que yo llena de implementos del Real Zaragoza C.F., equipo que venía de ser subcampeón de la Liga Española, justo por detrás del Real Madrid. Corría el verano de 1975 y se iba a celebrar el Torneo Ciudad de Caracas donde el conjunto maño fue invitado junto al Boavista de Portugal, el Rosario Central argentino y la selección de Alemania Oriental.

El personaje a cuya vera caminaba con la incomodidad de la carga pero orondo y orgulloso era ni más ni menos que el capitán del conjunto hispano.

José Luis Violeta Lajusticia nació en Zaragoza, la capital de Aragón, un 25 de febrero del año 1941. Sus primeras virtudes las vio, a los 17 años, el River, un equipo de aficionados de Torrero, el barrio zaragozano que lo vio crecer. Poco después hace filas en el Juventud, filial del Real Zaragoza y, esporádicamente, es invitado en entrenar con el primer equipo. En 1962, a fin de tener más minutos en actividad, jugó como cedido al Calvo Sotelo de Puertollano donde mostró sus cualidades que hicieron que grandes entidades, como el Real Madrid, fijaran su vista en él.

El 15 de septiembre de 1963 debuta, en Pontevedra, con el equipo se sus amores. En ese instante comienza a crearse un mito dentro de la afición zaragocista por su pundonor, estilo y coraje que le valió el apodo de “el León de Torrero”. Permaneció en el Zaragoza casi 3 lustros siendo ejemplo vivo de entrega y lealtad a un club.

La temporada 1970-71 fue una de las peores que el club haya soportado en su historia. Descendió a la división de plata habiendo obtenido apenas tres victorias ese año. El Madrid aprovechó el trance para tentar a Violeta a enrolarse en la entidad merengue. Pero, demostrando un profesionalismo sin par, rechazó la oferta blanca para ayudar al equipo a obtener el ascenso nuevamente a la categoría máxima.

José Luis Violeta fue parte de dos etapas históricas de la historia del conjunto aragonés. A inicios de su carrera compartió alineación con los llamados “Los Cinco Magníficos”, cinco delanteros que se hicieron épicos en el corazón de los años 60. Con ellos conquistó la Copa del Generalísimo en 2 ocasiones y una Copa de Ferias (posteriormente conocida como la Recopa). Ya en los 70s, al incorporar a dos excelentes jugadores paraguayos (Arrúa y Diarte), se llamó jocosamente al equipo como “los Zaraguayos”. En esta fase, el líbero fue parte de un sorprendente Zaragoza que fue 3º en el 74 y subcampeón en el 75.

Logró ser internacional con la selección de España, el 23 de junio de 1966 en La Coruña, en un amistoso contra Uruguay, que finalizó igualado a 1 gol. Vistió la Roja en 14 oportunidades registrando un gol en su haber. Lamentablemente para el jugador aragonés, el canario Tonono tenía mayor atractivo para los seleccionadores de la época.

Luego de otra amarga y frustrante temporada donde su equipo volvió a perder la categoría, José Luis Violeta se retiró de los engramados profesionales en 1977. El 21 de mayo de 1978, el Real Zaragoza y el Athletic de Bilbao se reunieron en el estadio de la Romareda que se llenó para brindar un merecido homenaje a su gran capitán, quien por 14 años se constituyó en la insignia incuestionable del conjunto. En aquel momento le prometieron un futuro ligado al club, pero nunca llegó a consumarse. En 2003, el Gobierno de Aragón le concedió el título de “DEPORTISTA LEGENDARIO”.
El Real Zaragoza finalizó tercero en el Ciudad de Caracas al caer en los penales con el Boavista y darle una lección de alegría y fútbol creativo al Rosario Central. Los alemanes se llevarían la Copa, pero nunca he podido dejar de visualizar en mi mente los recuerdos vividos aquella semana de convivencia con la concentración del equipo en el vestíbulo del Hotel El Conde y en el Universitario. Gracias a Violeta por la paciencia y la calidad humana mostrada a un chiquillo de 14 años que nunca olvidó aquellos gratos momentos y que, desde entonces lo tiene como uno de sus primeros ídolos del deporte.

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