domingo, 25 de mayo de 2014

La Décima llegó en la apoteosis de los derbis

Se llama derbi a una competencia deportiva entre equipos rivales que conviven en una misma ciudad o pueblo. Este 24 de mayo una de las más emblemáticas rivalidades cruzó la frontera, no sólo de su lugar o región, sino de su país, para protagonizar el derbi de más alto rango posible en Europa y quizás en el mundo. La final de la Champions League.

El estadio Da Luz de Lisboa se engalanó para recibir a los dos abanderados de la capital vecina en la final de Champions League con más expectativas de su historia. Dos representantes del país más galardonado del balompié europeo y en el apogeo histórico de su fútbol. 

El Real Madrid obsesionado por conseguir el 10º galardón, ya con la Copa del Rey obtenida semanas atrás y dejando en el camino una estela de equipos alemanes que mordieron el polvo uno tras otros.

El Atlético de Madrid ganó la Liga tras una impresionante campaña sobre los dos gigantes españoles aguantando al poderoso Barcelona en la propia ciudad condal apenas una semana atrás. Buscaba su primera orejona que se le escapó hace 40 años ante el Múnich a falta de un minuto para finalizar la final.

El fragor y la dureza de implicarse en varios frentes locales y continentales hicieron mella en algunos protagonistas que llegaron a la liza lusa con el cansancio acumulado en músculos y articulaciones. Alonso sancionado y Arda por lesión miraron desde la grada, mientras que los dos arietes, Benzemá y Costa eran serias dudas para el inicio.

Ante más de 60 mil espectadores en el estadio y 380 millones más por TV se inició el encuentro después de una sencilla pero emotiva ceremonia de apertura que motivó el fervor del público. 15 vertiginosos minutos iniciales donde el balón se movía de cancha a cancha y que ya avizoraba el devenir del partido. El temor rojiblanco se hizo presente cuando Diego Costa se retiró en el minuto 9, resentido de su lesión.

El dominio se volvió alterno aunque el Real manejó a ratos los hilos pero se estrellaba contra una defensa sólida y ordenada que obligó a los blancos a probar con centros que morían ante la efectividad de Miranda y Godín. Justamente el central uruguayo en un centro de Thiago, al cobro de un córner, cabecea hacia atrás ganando el salto al disminuido Khedira, bombeando el balón sobre Iker que salió a comprar harina y, a pesar del esfuerzo por enmendar su garrafal error, el primer tanto cayó a favor de los colchoneros en el 36´. El frenesí estalló en las gargantas de la impresionante fanaticada atlética del estadio. 
El resto del parcial transcurrió con un Madrid tocado en sus fibras, con una serie de errores inconcebibles de control que facilitaban el excelente accionar del rival. Sólo su cuarteto defensivo, en una gran tarde y jugando al límite, salvó que el marcador no se abultara. Con los merengues casi pidiendo el silbato llegó el descanso.


La 2ª parte arranca con más de lo mismo. Pero, buscando mayor efectividad al frente, en el 13´ Ancelotti introduce a Isco por el mermado alemán y Marcelo por un enorme Coentrao que lució a la defensiva pero nulo en ataque. Las nuevas caras dan frescura al accionar blanco haciendo retroceder al Atleti varios metros en su retaguardia. Siguiendo el guion Cristiano y Bale no se intercambiaron posiciones, cosa que mutiló el maniobrar de un Bale que se engulló tres ocasiones claras de igualar las acciones.

Tratando de quitarse la ligera presión, Simeone saca al pundonoroso pero inefectivo Raúl García por el principito Sosa, quien a la postre sería un gran error. Buscando piernas frescas, el técnico italiano cambia a Karim, quien ya estaba casi estorbando, por el joven Morata en el último tercio del parcial. El Cholo responde retirando al fundido Filipe Luis por Alderweireld para neutralizar el concierto de centros del rival.

Los últimos 10 minutos fue un asedio total al coso de Courtois. Con más corazón que técnica el Madrid llegaba al área pero sin concretar… parecía que todos tenían miedo de chutar la pelota. Sólo el buen Modric lo intentó sin resultado.

Con 5 minutos de descuento, provocados tanto por cansancio como por el teatro de algunos personajes del Manzanares, se colgó un balón desde un saque de esquina a la izquierda del arco del belga que generó un hueco en la zaga, bien aprovechado por Sergio Ramos quién, erigiéndose en héroe, conectó con furia la pelota lejos del alcance del cancerbero decretando, a 2 minutos del final, el empate cuando la gradería rojiblanca ya celebraba el anhelado triunfo.

El tanto derrumbó al Atlético de Madrid. La prórroga no hizo sino aflorar las carencias físicas del equipo. Simeone necesitaba el cambio que perdió con la salida temprana de Costa, Sosa no retenía balón alguno y Juanfran apenas daba un paso sin dolor. Villa, con mucho pundonor, jugaba acalambrado. Mientras, el Real Madrid, con la inyección de motivación y adrenalina que el gol de Ramos insufló, se crecía sobre el terreno de juego.

Una internada por la banda izquierda desde el centro del campo de Di María, en una memorable jornada, culminó un centro al borde del área chica que Bale, haciendo gala de su potencialidad física, alcanzó a cabecear al fondo de la red para poner al frente a su equipo en el 110´. Hacía 56 años que no se veían 3 goles de cabeza en una final europea.

El Atleti no daba para más. Casi con placidez jugó el Real la segunda prórroga. Marcelo se infiltró hasta la media luna y se atrevió a patear con fuerza el esférico logrando el 3er tanto merengue. Y 2 minutos después, en la última jugada del encuentro, el árbitro holandés Kuipers, quizás para compensar una mano de Gabi no sancionada anteriormente, pita un penal sobre CR7 en los últimos instantes que él mismo ejecuta para redondear el 4 a 1 final y aumentar su record de goles en una temporada de Champions a 17 tantos.

Un partido que se jugó con más pasión que técnica, donde la táctica y las estrategias se vieron superadas por el pundonor y el corazón de los protagonistas. La final se decantó por quien tuvo más fuerza y claridad. El Real Madrid, con una mezcla de estrellas veteranas y noveles, tal como mienta su himno, alcanzó la anhelada décima orejona. El Atlético de Madrid cayó, con todos los honores, ante la historia. Con una trayectoria que no eclipsará la de hace 18 años con el doblete, pero que tiene gran mérito porque los rivales a batir fueron más fuertes que los del 96.

Madrid, hoy por hoy, es la capital del fútbol europeo. Dos gigantes se enfrentaron en el césped de Da Luz y fue seguido alrededor del mundo ante 380 millones de aficionados delirantes de emoción. Se alcanzó la glorificación de los derbis. Lástima que uno tenía que caer.

Gloria al vencedor. Honor al vencido.

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