viernes, 21 de mayo de 2010

Argentina 1978. Emoción y Duda

Tras más de 48 años de esperanza, al fin Argentina fue distinguida para ser sede de la XI Copa Mundial en 1978, la cual se desarrolló entre el 1 y el 25 de junio de 1978, regresando así a Sudamérica desde 1962.

Sin embargo, la organización se vería afectada por el repudio mundial a la dictadura militar de Jorge Rafael Videla que se había implantado 2 años antes, y a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante ese período, haciendo que se hablara más de política que de fútbol. Videla usó el fútbol para ocultar la desaparición y genocidio de miles de argentinos.

La mascota representativa de este mundial fue “Gauchito”, que personificaba a un niño con sombrero de gaucho y una fusta en la mano. La pelota oficial sufrió un cambio revolucionario con la aparición de la Adidas Tango. Una vez más, la marca alemana creaba lo que se convertiría en un clásico del diseño futbolístico. Las veinte piezas con “tríadas” recreaban la ilusión óptica de que había 12 círculos análogos. Este balón se convirtió un clásico que iba a perdurar por 5 mundiales y contaba con mayor impermeabilización que los precedentes diseños.

Por primera vez el número de inscritos sobrepasó los cien. Entre las selecciones más importantes que no superaron la fase de clasificación estuvieron Uruguay, Inglaterra y Checoslovaquia. En este mundial se presentaron 16 equipos, diez europeos, cuatro americanos y 2 debutantes, Irán y Túnez. Se jugó con el mismo sistema de eliminación que en 1974: una ronda inicial con 4 grupos clasificatorios, donde los dos primeros de cada uno pasan a la segunda fase, en la que se definen los dos finalistas.

Se inauguró Argentina Televisora Color, un nuevo canal de televisión para transmitir el mundial a color a todo el mundo, con seis estudios en una superficie cubierta de casi tres hectáreas. Se gastaron 60 millones de dólares, pero en Argentina se vio el mundial en blanco y negro.

Quien no pudo participar del torneo fue Diego Armando Maradona debido a que César Luis Menotti pensaba que aun era muy inexperto para un torneo tan importante.

El grupo 1, uno de esos denominado “de la Muerte” juntó a 4 potencias mundiales del fútbol, Italia, Argentina y Francia y Hungría. Los galos reaparecían luego de 12 años fuera del tinglado mundialista cayendo ajustadamente ante los de casa y sus vecinos de la bota 2 a 1. Sólo vencieron a los húngaros quienes no lograron punto alguno. Italos y gauchos se enfrentaron venciendo sorpresivamente los europeos y obligando a los anfitriones a trasladarse hacia Rosario.

La superioridad de los europeos se impuso rotundamente en el segundo grupo al fútbol aun no desarrollado de Túnez y por mucho al que exhibían los aztecas, quienes hicieron historia al ser la primera selección en perder con un equipo africano en un mundial. Simplemente se tenía que determinar si teutones o polacos encabezarían el grupo. Polonia quedó primero cuando los tunecinos, en una de las más pasmosas sorpresas de esta competencia, empató sin tantos con los germanos.

Pasando al grupo 3, la Austria de Krankl terminó primera a pesar de caer por la mínima ante Brasil. Los españoles no pudieron contra los 10 austríacos enclavados en la portería y un delantero al contragolpe, y con el menor esfuerzo doblegaron a los suecos. España pudo haber eliminado a Brasil si Cardeñosa hubiera anotado un gol a puerta vacía donde lo más difícil era lanzarlo fuera. Falló y España se fue a casa con más pena que gloria, sólo ganando in extremis a una deslucida Suecia.

Increíblemente los peruanos terminaron primeros e invictos en el grupo 4, encima de los holandeses, que venían de ser subcampeones. Escocia se defendió hasta el final, incluso venció a los naranjas 3 a 2 en un encuentro muy entretenido, con buen fútbol y excelentes golazos, que se recuerda como uno de los partidos más emocionantes de aquel mundial. Irán sólo rellenó el grupo.

Para la siguiente fase se volvieron a agrupar, pasando el ganador directamente a la final, y el segundo por el tercer lugar.

Con un grupo netamente europeo (Holanda, Alemania, Italia y Austria), estos cuatro equipos fueron el auténtico grupo de la muerte de la historia de los mundiales. Los tulipanes, con un renovado poderío luego de un indigente pase en la fase inicial, abrieron con una soberana paliza 5 a 1 a los nativos del país del vals. En este juego, el holandés Resenbrick marcó, de penalti, el gol número 1.000 de la historia de los mundiales. Luego igualaron a 2 tantos con los germanos a pesar de ir por debajo en el marcador en dos ocasiones. Y se impusieron a los italianos 2 a 1 donde Brandts anotó un gol en ambas porterías. Los alemanes sorprendieron por no obtener victorias y ser humillados por los austríacos en su última fecha. El técnico alemán, Helmut Schön, ingresó en la historia del torneo al convertirse en el técnico que más partidos mundialistas ha dirigido, nada menos que 25 entre 1966 y 1978.

También por la segunda rueda, el seleccionado local venció a Polonia por 2 a 0, con goles de Kempes, mientras que Brasil goleaba 3 a 0 a Perú. Días después los polacos, con gol de Szarmach eliminaban a los incas y los gigantes latinoamericanos igualaban sin goles. Y llegó el 21 de junio de 1978, día que se recuerda casi más que el de la final. Se cambiaron los horarios para que Argentina conociera el resultado de Brasil y saber así por cuántos goles debía ganar. Los cariocas jugaron tres horas antes que los dueños de casa. Derrotaron a Polonia 3 a 1 y, de esta manera, la selección argentina debía lograr una victoria con 4 goles de diferencia contra Perú. El partido finalizó 6 a 0 a favor de argentina y así el conjunto brasileño quedó excluido del torneo y con grandes dudas para los espectadores del mundo entero, ya que los peruanos no ofrecieron resistencia alguna. Tanto fue así que los mismos jugadores fueron apedreados al llegar al aeropuerto de Lima. El portero de Perú, Quiroga, argentino de nacimiento, se convirtió en el centro de las miradas. Nunca se probó nada, pero muchos rumores hubo.

Nelinho y Dirceu neutralizaron el tanto inicial de Franco Causio para quedarse con el bronce consolatorio.

La gran final se jugó entre Holanda, ganadores del Grupo 1, otrora la Naranja Mecánica, quienes, a pesar de no jugar Cruyff, su principal exponente, demostró un gran nivel y Argentina, que clasificó ganando el Grupo 2, un equipo rocoso, fortalecido por una táctica defensiva incrementada por la introducción de un tercer central, aunque deslucida por las dudas en su clasificación.


En el Monumental de River, ambos conjuntos depararon un partido vibrante. "El Matador" Kempes anotó, en el tiempo inicial, el primer gol por parte de la albiceleste, quienes dominarían una buena parte del juego. Pero al minuto 82, Dick Nanninga anotó, de soberbio cabezazo, el empate que llevaría a la prórroga, aunque Robby Resenbrink, en un mano a mano con el arquero argentino, estrelló el esférico en un poste segundos antes de culminar los 90 reglamentarios. Ya en el tiempo extra, de nuevo Kempes sacudió un tiro fulminante a un lado del portero neerlandés elevando el 2-1 y Daniel Bertoni, al minuto 116, descartó toda posibilidad holandesa de ganar y disparó la euforia de los miles de asistentes que abarrotaron el recinto deportivo.

Los holandeses se negaron a recoger su trofeo como subcampeones y saludar a los líderes de la dictadura en rechazo a los desmanes y violaciones de los derechos humanos por parte del régimen de facto del país sureño.

“El Matador”, Mario Alberto Kempes jugó más de centrocampista que de delantero, pero eso no le impidió ser el máximo goleador del torneo con seis tantos, por encima del peruano Cubillas y del holandés Resenbrink.

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