viernes, 23 de abril de 2010

Suiza 1954: El Fénix de Alemania

La V Copa Mundial de Fútbol se realizó en Suiza, entre el 16 de junio y el 4 de julio de 1954. Cuatro años después del furor vivido en Brasil, la Jules Rimet volvió a un ambiente mucho más tranquilo en el corazón del viejo continente. Sin embargo, el terreno de juego fue testigo de un espectáculo apasionante. Coincidía esta fecha con los 50 años de la FIFA, cuyas oficinas centrales están en Zúrich.

Alemania volvió a competir en el Mundial tras su exclusión en Brasil. También por 1ª vez se realizó una efectiva eliminatoria en Asia y en Sudamérica, ya que en los torneos anteriores, los equipos de este subcontinente habían clasificado por invitación o retiro de sus rivales.

Esta Copa Mundial celebrada al pie de los Alpes suizos escaló nuevas cúspides. En la clasificación participaron más países que en cualquier edición anterior. Con la fundación de la Confederación Asiática se incluyó a las selecciones de Corea y Japón. Con ellas, y con la inserción de Egipto, este evento asumió una legítima representación mundial. En la fase final participaron 16 selecciones, tres más que en Brasil.

Uruguay clasificó como campeón vigente y Suiza por organizar el torneo. Los grupos eliminatorios se formaron de modo totalmente arbitrario y sin mediar sorteo alguno, lo que incitó cualquier tipo de protestas. Se esperaban escasas sorpresas en las eliminatorias. Pero las hubo. La mayor fue la eliminación de España por Turquía. En Madrid ganaron los hispanos por 4-1 pero, en Estambul, los otomanos vencieron por 1-0, lo que dio lugar a un desempate en el estadio olímpico de Roma. Antes del encuentro, llegó un presunto telegrama de la FIFA donde se indicaban irregularidades en la tramitación de la ficha del nacionalizado Ladislao Kubala. Este no jugó y una España gris y extraviada solo alcanzó a empatar. Se hizo un sorteo y el niño Franco Gemma sacó el papel con el nombre de Turquía.

La otra gran sorpresa fue la baja de Suecia por una pujante Bélgica. Los dirigentes escandinavos, en una medida poco inteligente, no permitieron jugar a los cracks que actuaban en Italia (Nordhal, Gren y Liedholm) por su condición de profesionales.

La gran novedad del torneo fue la transmisión televisiva. Meses anAñadir imagentes se había constituido Eurovisión, formada por la asociación de 8 grandes cadenas del continente. Se transmitieron ocho partidos. El Francia-Yugoslavia del 16 de junio tuvo el honor de ser el primer evento futbolístico presenciado a la vez en varios países en directo.

Se constituyeron cuatro grupos sin sorteo y se nombraron, también a dedo, dos cabezas de serie en cada uno, los cuales no podían enfrentarse entre sí. Tampoco lo podían hacer, claro, las otras dos selecciones. Cada equipo jugaba dos partidos, y se clasificaban para cuartos de final los dos líderes del grupo. En caso de empate, debía disputarse tiempo extra y si no se alteraba el marcador, se validaba el empate.

La gansada del sistema se demostró ya en el primer grupo. Francia perdió con Yugoslavia por 1-0 y de nada le sirvió ganarle luego a México ya que Brasil, vencedora de los charros, le bastaba con empatar con los balcánicos para clasificar. Naturalmente, el partido terminó igualado.

Para esta instancia vio la luz la “verdeamarela”. Camisa amarilla con cuello y puños verdes, en lugar de la tradicional blanca con puños y cuello azul, utilizada hasta 1952, debido a la había traído mala suerte que aportó en la final del Maracaná.

En el segundo grupo los goles se hicieron sentir, ningún juego tenía menos de 5 goles y Hungría demolió a alemanes y turcos, los alemanes acabaron con los turcos y éstos se desquitaron con los surcoreanos, quienes acarrearon 16 goles.

En el encuentro inicial los germanos batieron a los turcos por un claro 4-1. Mientras, Hungría se entrenaba con un irrefutable 9-0 a Corea del Sur. Empezaba su camino en el Mundial. Kocsis, que luego sería el goleador del torneo, marcó tres tantos. Los asiáticos aplaudieron casi todos los goles de sus adversarios...

El entrenador germano Sepp Herberger, disconforme con su delantera a pesar de golear a Turquía, llamó de urgencia al puntero Helmut Rahn, quién se encontraba de gira con su equipo en Montevideo. Sepp no se equivocó, el delantero anotó cuatro goles en la igual cantidad de partidos.

Otros dos resultados espectaculares se registraron en este grupo. Ante más de 20 mil seguidores rivales, Hungría ridiculizó a Alemania Occidental con un contundente 8-3; esta vez Kocsis hizo cuatro goles. Por su parte, Turquía le endosó un 7-0 a Corea del Sur. Así, los turcos, favorecidos por el hecho de no tener que jugar con Hungría, sumaban los mismos puntos que Alemania Occidental. Se requirió disputar un desempate en el que el triunfo de los alemanes 7-2 fue aún más claro.

En el grupo 3 también hubo un par de goleadas, en el que Austria y Uruguay, los dos cabezas de serie, impusieron su ley ante Escocia y Checoslovaquia. Ambos terminaron invictos en esta fase.
Italia fue el tercer cabeza de serie eliminado a las primeras de cambio. En la jornada inicial del grupo 4 perdió ante la anfitriona por 2-1 mientras Inglaterra y Bélgica empataban a 4 goles cada uno. Los dos partidos restantes prometían ser apasionantes. Italia ganó a Bélgica por 4-1, apoyada por más de 20.000 seguidores desplazados hasta Lugano, la zona de habla italiana del país alpino. Inglaterra, por su parte, derrotó a los locales por 2-0. Se requirió, entonces, un desempate entre Italia y Suiza. Se cuenta que los árbitros aceptaron importantes depósitos para garantizar el pase de los helvéticos. El encuentro se convirtió en humillación para los italianos, que cayeron por 4-1.

En el primer partido de los cuartos de final se despidió Suiza luego de un extraordinario duelo con Austria. Una justa en que los anfitriones anotaron en los primeros 20 minutos, pero cinco minutos después Wagner y Körner hicieron tres goles en 3 minutos, la afición estaba quedando sin voz. Al poco Körner y Orwick pusieron las cosas 5 a 3, el público estaba delirando, y eso que no había finalizado del primer tiempo cuando Ballaman anotó el 5 a 4 para calma de los suizos. Ya con 60 minutos, se concretaron dos "Hat-tricks" por Wagner y Huegi, y las cosas estaban 6 a 5. Erich Probst anotó el 7 a 5 definitivo que eliminaría a los locales en el partido de un Mundial con mayor cantidad de goles.

Media docena de tantos se vieron en el otro encuentro, en el que Uruguay venció 4-2 a Inglaterra pese a jugar toda la segunda parte con nueve jugadores por lesiones del capitán Varela y de Abaddie. Un triunfo heroico ante un rival decepcionante, donde Stanley Matthews, con casi 40 años, jugó su último cotejo como mundialista.

La canarinha no tuvo efecto inmediato. En un electrizante partido que se consideraba la final anticipada, Hungría y Brasil se trenzaron en una auténtica guerra.
Pese a la ausencia del lesionado Puskas, los magiares, con goles de Hidegkuti y Kocsis, se colocaron con un 2-0 favorable en el séptimo minuto. Un penal permitió acortar distancias a Djalma Santos antes del descanso. Hasta aquí el juego había sido duro aunque no violento. Luego, Lantos, también desde los doce pasos (un penal muy discutido) colocó el 3-1 y que dio paso a los eventos que desencadenaron la llamada “Batalla de Berna”.

Didí fue fauleado dentro del área húngara y Brandaozinho, golpeó fuertemente a Higdekuti, dejándolo tirado en el piso. Josef Boszik, un caballero del fútbol (además era diputado en el Parlamento Húngaro), perdió los nervios y se trenzó a golpes con Nilton Santos. El árbitro inglés Ellis los expulsó a ambos. La policía suiza necesitó de veinte minutos para volver a la normalidad la exacerbada hostilidad reinante. Ya reanudado el encuentro, Julinho, colocó el 3-2, Humberto y Mauro enfilaron también el camino de los vestuarios y ya en los últimos segundos Kocsis acabó con las esperanzas del cuadro brasileño, que había metido dos tiros en el palo.

En total, en el partido, se cometieron 42 faltas, dos penales y tres expulsados. Al finalizar el duelo, se advirtieron actos lamentables: tres jugadores persiguieron a Kocsis por todo el campo, Pinheiro rompió una botella en la cabeza del lesionado Puskas, el arquero Castilho le hizo un tackle de rugby a un policía, un fotógrafo brasileño golpeó a otro guardia; sillas, máquinas fotográficas y camisetas destrozadas... En una palabra, lo nunca visto en un Mundial. La FIFA amonestó con dureza a los contendientes pero no impuso ninguna sanción.

En un deslucido juego, Alemania Occidental, no sin cierta ayuda arbitral y con mucha fortuna, ganó por 2-0 a Yugoslavia.

Más pacíficas fueron las semifinales, sobre todo la que protagonizaron Alemania Occidental y Austria. El 6-1 favorable a los germanos fue concluyente en un partido sin mucha historia.

En una espectacular batalla deportiva, Hungría ansiaba avanzar a la final cuando Czíbor anota el primer gol a los 13 minutos y Hidegkuti el segundo empezando la segunda mitad, pero Uruguay no iba a desistir ya que defendían el campeonato. El delantero charrúa Hohberg descontó en el 75 y, cuando restaban sólo 3 minutos para que concluyera el cotejo, el propio Hohberg empujó la bola a la red, decretando la igualdad y forzando un alargue adicional. Pero justo al anotar ese gol, el futbolista uruguayo, con una mezcla de emoción y cansancio.....se desvaneció.

En el tiempo extra, el poderoso Sándor Kocsis fusiló dos veces en cinco minutos la malla contraria fijando cifras conclusivas de 4 a 2 para los "los mágicos magiares". Los 37 mil espectadores despidieron a los dos equipos agitando pañuelos blancos en señal de agradecimiento por la entrega y deportividad mostrada sobre el terreno.

En la final, la selección húngara, medalla de oro en los Juegos Olímpicos celebrados dos años antes, e imbatida desde mayo de 1950, era la indiscutible favorita, ya que en sus cuatro partidos anteriores habían transformado 25 dianas.

Hungría y Alemania fueron las primeras selecciones en enfrentarse dos veces en un mismo Mundial. Hungría consiguió adelantarse con dos goles. Durante diez inolvidables minutos los alemanes bregaron hasta conseguir el empate, pero lo mejor estaba todavía por llegar. Después de que un disparo húngaro se estrellara en el poste de la portería contraria, Helmut Rahn marcó para Alemania el gol de la victoria a tan sólo seis minutos del final del partido, en una jugada en la que el guardameta húngaro, Grosics, resbaló en el mojado césped cuando se disponía a atajar el balón. Para que no faltara la polémica, a pocos minutos para la finalizar el encuentro, Puskas igualó el partido pero el árbitro no convalidó el tanto por un inexplicable fuera de juego.

El estadio Wankdorf de Berna se convirtió así, el 4 de julio de 1954, en el escenario de “el Milagro de Berna”, una de las mayores sorpresas que jamás haya deparado un Mundial. La victoria teutona fue la piedra angular sobre la que Alemania constituyó sus futuros éxitos futbolísticos.
Tiempo después se rumoreó que los alemanes jugaron dopados. Lo cierto es que, tras el partido, varios jugadores tuvieron que ser hospitalizados debido a una presunta ictericia infecciosa. También se alegó que el gobierno húngaro vendió el título a cambio de tractores y maquinaria agrícola. Sea como fuere, lo real es que aquel día concluyó su brillante camino uno de los mejores equipos de todas las épocas y que de manera impensada el fútbol alemán ingresó en la élite balompédica mundial.

Kocsis fue el goleador del torneo alcanzando el mayor promedio de gol en toda la historia de los Mundiales al marcar 11 tantos en 5 partidos con un promedio de 2,20 goles por cotejo. Su selección obtuvo el récord de anotaciones, al marcar 27 goles.

Fue el Mundial de mayor promedio de goles por partido, pues se marcaron 140 goles en 26 partidos, con una media de 5,38 por partido.

Suiza 54 ha sido uno de los eventos más olvidados de la historia de la FIFA, ya que se ubica entre la sorpresa del "Maracanazo" del 50 y el inicio de la leyenda del Rey Pelé en Suecia 58.

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