viernes, 30 de abril de 2010

Chile 1962. Historia Grande en un Torneo Gris

La VII Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en Chile, entre el 30 de mayo y el 17 de junio de 1962. Tras 12 años, el máximo torneo de fútbol retornaba a Sudamérica, instaurándose una rotación entre Europa y América que persistiría hasta el nuevo siglo.

Chile asentó su postulación en 1954, igual que Argentina y Alemania, que a la postre se apartaría. Una comisión de la Federación de Fútbol de Chile, encabezada por Carlos Dittborn y Juan Pinto Durán, recorrió varios países convenciendo a las asociaciones de fútbol que dudaban de la capacidad del país austral para organizar el torneo comparándolo con la superior infraestructura y al mayor prestigio de Argentina.

En junio de 1956 se reunió el Congreso de la FIFA en Lisboa para definir la sede de 1962. Ese día, Raúl Colombo, representante argentino terminó su discurso con la frase «Podemos hacer el mundial mañana mismo. Lo tenemos todo». Al siguiente día, Dittborn, dando su alocución en español, inglés y francés, presentó cuatro argumentos que sostenían la aspiración chilena: persistencia en la asistencia a torneos y congresos de la FIFA, clima deportivo, tolerancia de credo y raza y estabilidad política e institucional del país. Además, Dittborn invocó el articulo 2 de los estatutos de FIFA que imponer a la copa Jules Rimet una función de fomento del fútbol en los países poco desarrollados. Finalizó su exposición con la frase “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”. Chile fue electo con 32 votos a favor, Argentina recibió 10 votos y 14 miembros votaron en blanco.

Los preparativos se iniciaron de inmediato. Los planes para modernizar gran parte del país, sobre todo en lo relativo a transportes y telecomunicaciones avanzaban vertiginosamente. Sin embargo, todo cambió el 21 de mayo de 1960 cuando el aterrador terremoto de Valdivia arrasó, entre otras ciudades, las subsedes de Talca y Concepción provocando más de 50.000 muertos y dejando tres millones de personas sin techo.

Dittborn pensó en que el sueño de su Mundial se había truncado y decidió devolver el dinero que había prestado el Gobierno para la realización del torneo al Presidente Jorge Alessandri. El mandatario ratificó el apoyo hacia el torneo aclarando que su realización era una cuestión que tocaba el honor patrio. El gobierno trasandino recibió el apoyo de varios países vecinos y la FIFA otorgó una donación de 20 mil dólares. La reconstrucción fue formidable y se pudo celebrar la competición sin mayores problemas.

Para la Copa se inscribió nuevamente un récord de 57 participantes. Con la implantación de la diferencia de goles, el sistema clasificatorio se ahorró partidos de repechaje que lo extendían innecesariamente. Francia y Suecia, que habían estado en el podio del mundial previo, marcaron la sorpresa al no clasificar, mientras nuevamente no clasificaron equipos de Asia y África. Los organizadores escogieron a la norteña ciudad de Arica, pensando en la segura clasificación del Perú que vendría con su hinchada por su cercanía a la frontera con ese país, pero finalmente Colombia eliminó al Perú y dejó a los chilenos con los crespos hechos.

El 18 de enero de 1962 se realizó el sorteo. Chile, a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, cae en el grupo más difícil al tener que enfrentar a dos campeones previos: Alemania Federal e Italia, junto a Suiza. La tragedia chilena se agudiza con los fallecimientos de Pinto Durán en un accidente automovilístico y Dittborn, víctima de un paro cardíaco, 32 días antes del inicio del torneo. En su honor, el seleccionado local portó una cinta negra bajo su escudo mientras Carlos y Juan Pablo Dittborn, hijos del dirigente, izaron la bandera el día inaugural.

Antes de partir a Chile, los jugadores brasileños fueron recibidos por el presidente, Joâo Goulart, quien luego de una pomposa cena los despidió con este mensaje: “Deben conservar ésta copa, porque es el orgullo de todo el país. Ella hace olvidar las dificultades económicas a nuestros compatriotas y eso vale más que cualquier riqueza”. Esta declaración del gobernante carioca, sirve para aclarar por qué los gobiernos ponen tanto énfasis en la obtención de la copa del mundo.

Para este torneo, los fabricantes de las pelotas empleadas en éste Mundial de Fútbol, aumentaron la cantidad de gajos, con lo cual lograron una esfera más regular. Acudieron a Chile más de 800 periodistas del mundo entero para cubrir el Mundial.

Un hecho curioso y lamentable ocurrió en el Grupo A cuando el mediocampista de Yugoslavia, Mujic, en una reacción violenta sin pelota le fracturó la tibia y el peroné de la pierna izquierda al zaguero soviético Dubinsky. Entonces, los propios compañeros decidieron la expulsión de Mujic. El defensor soviético nunca pudo recuperarse de la lesión sufrida, y, a pesar de varias operaciones, le debieron amputar la pierna. En 1969 fallece debido a una infección en la mortal herida. Los balcánicos perdieron 2 a 0.

Dos días después, los yugoslavos protagonizarían otra batalla campal, ahora contra los uruguayos, quienes cayeron frente a los europeos por 3 a 1.

La URSS finalizó en el primer lugar de la tabla de posiciones del grupo, a pesar que, en su segundo encuentro, vencía a Colombia por tres a cero a los doce minutos del primer tiempo y por cuatro a uno a los once del segundo. Pero en tan sólo ocho minutos, los colombianos le anidaron tres goles a “La Araña Negra”, Lev Yashin, incluyendo un gol olímpico de Marcos Coll, empatando el marcador a cuatro tantos y logrando así el único punto de los neogranadinos.

Colombia caería en los otros dos encuentros. Los uruguayos, luego de ir venciendo por uno a cero, lesionaron a dos colombianos, dejando a éstos con nueve hombres, ya que en ese entonces no se permitían cambios. Uno de los lesionados se retiró del campo de juego con tres costillas fracturadas. En el último partido perdieron sin atenuantes frente a Yugoslavia por cinco a cero. Al regresar a su patria, los cafeteros fueron recibidos como héroes en Bogotá.

La prensa italiana se afincó en destacar la precaria situación social de la ciudad de Santiago. El artículo provocó indignación en los medios periodísticos y público chilenos. Con este caldeado escenario, ingresaron los jugadores italianos a enfrentarse a los dueños del patio con ramos de flores en sus manos para aplacar a los hinchas chilenos, quienes les propinaron una estruendosa silbatina.

La “Batalla de Santiago” comenzó y la primera falta se produjo a los 12 segundos de juego y a los siete minutos, un violento golpe del delantero Ferrini al chileno Landa provocó la primera expulsión por parte del árbitro inglés Ken Aston. Ferrini se negó a abandonar la cancha, lo que motivó la intervención de los Carabineros, procediendo a su arresto. Más adelante, el chileno Leonel Sánchez reaccionó rudamente ante una falta del ítalo Mario David, pegándole una puñetazo en la cara. El referí, expulsó al defensor europeo, mientras que a Sánchez lo dejó sin sanción alguna. El mismo Sánchez fracturaría el tabique nasal a Maschio sin que el juez se conmutase. El segundo tiempo se reanuda con los ánimos más calmados y Chile logra anotar dos veces ante el delirio de los 65 mil seguidores australes pues se aseguraban la clasificación a la segunda ronda.

El juego desleal continuó y los germanos no se querían quedar atrás. En el partido que disputaron contra Suiza, el alemán Szymaniak le fracturó el peroné izquierdo a Eschmann. Luego de terminado el partido, que finalmente ganaron los alemanes por 2 a 1, el entrenador germano reconoció: “Si no se vuelve a las leyes del deporte, éste torneo está muerto”.

En Viña del Mar se enfrentaron España y México, ambos venían de perder su primer encuentro ante checos y brasileros, ganando los europeos por un tanto contra cero. Luego de esta victoria el entrenador de España, Helenio Herrera, confiado en una segura victoria frente a los amazónicos ya que Pele había abandonado el torneo al lesionarse contra los centroeuropeos, realizó nueve cambios en la formación titular. Brasil ganó por 2 a 1, con dos tantos de Amarildo en menos de 15 minutos.

Hungría solventó con facilidad su deambular en la primera fase ganando a los ingleses y búlgaros e igualando con Argentina. El entrenador argentino, antes del partido frente a Inglaterra, le dio miles de recomendaciones al arquero Roma sobre los posibles zurdazos de media distancia de Bobby Charlton. Finalmente Argentina perdió 3 a 1 y el segundo gol inglés lo convirtió Charlton con la pierna derecha.

La sensación del torneo se produjo en cuartos de final cuando los chilenos se adelantaron 2-1 a la media hora y fueron capaces de aguantar el asedio soviético sobre su portería en el resto del partido. Todo el país se lanzó a las calles para celebrar. La alegría chilena duró poco porque, en la semifinal, ante los brasileños, vencedores de los británicos, fueron sometidos 4-2con comodidad, a pesar del descarado arbitraje a su favor. Así, Brasil se clasificó para su segunda final consecutiva.

Checoslovaquia ganó prodigiosamente a Hungría en cuartos de final, después de que los magiares estrellaran el esférico en el palo al menos cuatro veces. En la semifinal hicieron lo propio con los yugoslavos 3 a 1 para acceder por primera y única vez a la final de la Copa del Mundo.

Los locales, luego de una gran campaña en la fase previa, obtuvieron el tercer lugar al derrotar a Yugoslavia por la mínima, siendo el mejor resultado en la historia del fútbol chileno.

El Estadio Nacional de Santiago, tristemente utilizado durante los años de gobierno de Augusto Pinochet como lugar de detención, tortura y muerte de miles de habitantes de esa nación, se vistió de gala para albergar la gran final. Contra todo pronóstico, fueron los checoslovacos los que se adelantaron al cuarto de hora, antes de que Amarildo, el delantero que ocupó el lugar de Pelé, igualara el partido dos minutos más tarde y Zito y Vavá marcaran dos tantos más en la segunda mitad. Brasil, al pie de los Andes, se hizo con su segundo Mundial consecutivo.

La reconquista del título fue la hazaña de un equipo compuesto por nueve jugadores que habían participado en la victoria de 1958. Así fue como Brasil se unió a Italia y a Uruguay en la honorable lista de las naciones que, hasta el momento, habían ganado el trofeo Jules Rimet en dos ocasiones.

El jugador brasileño Vavá, se consagró como el primer futbolista en la historia de los Mundiales, en convertir tantos en dos finales del mundo distintas.

La máxima figura del torneo fue el puntero derecho brasileño Garrincha, quien se caracterizaba por su estilo de juego desenfadado y rompedor de esquemas. De regreso a su país, gran cantidad de padres de familia brasileños, le ofrecían a Garrincha sus hijas adolescentes para que tuvieran nietos que jugaran al fútbol tan bien como él.


En esta edición, 6 jugadores quedaron igualados con 4 goles, el húngaro Florian Albert lo hizo en sólo 270 minutos por lo que se consideró en primer lugar, el segundo y tercer lugar fueron para el soviético Valentín Ivanov y el brasileño Garrincha, que jugaron 360 y 443 minutos respectivamente.

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